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De Juan Fischer: "Besé a Mira Sorvino y me agarré con Marc Anthony". Imprimir E-Mail
15 de agosto de 2007

LA PRIMICIA. El director y actor colombiano, Juan Fischer, relata su relación con la ganadora del Oscar, Mira Sorvino.
(El texto será publicado en los próximos días en el diario El País, de Cali).

“Besé a Mira Sorvino y me agarré con Marc Anthony”

Juan Fischer sacó sus dotes de bailarín de salsa para seducir a la actriz estadounidense. Reto al actual esposo de Jennifer López, el rival que se quedó con la rubia, y por poco lo sacuden los guardaespaldas de quien acaba de interpretar a Héctor Lavoe.

Por Juan Fischer, especial para El País.

Todo lo que voy a contar sucedió hace cosa de cinco o seis años en Nueva York, en donde estaba estudiando cine y actuación en centros tan prestigiosos como el ‘Lee Strasberg Institute’ y el ‘Ealine Aikens Actor´s Conservatory’. Por ese entonces también le estaba dando forma, muy lentamente, a mi segunda película que el 16 de agosto se estrena en Cali, Buscando a Miguel, un proyecto que en realidad me tomó una década hacerlo realidad.

Ahora sí, al grano. Yo ya me había separado de mi mujer, Karin Noak, colombiana, quien era la maestra de flamenco de la actriz Mira Sorvino, nada menos que la ganadora del Oscar, en 1995, por su papel de Linda Ash, en Poderosa Afrodita, de Woody Allen.

Como mantengo una buena amistad con Karin y estaba en plan de buscarme novia, me llamó y me dijo: arréglese bien, báñese, aféitese que viene Mira Sorvino a mi escuela y está sola. Y claro, yo me bañé, me arreglé y todo eso y entró Mira Sorvino. Nos saludamos y desde el principio hubo como un poco de química.

Esa misma noche se convino que íbamos a bailar salsa, lo que me entusiasmó todavía más porque yo aprendí a bailar salsa en Cali, a donde iba todas las vacaciones porque allá viven mis primos Arboleda Muñoz. Yo pasaba muchas noches tirando paso en sitio como El Séptimo cielo.

Así que fuimos a bailar, nos tomamos un par de tragos y terminamos, mejor dicho, dándonos besos y en un romance increíble, con una química bestial. La gente nos veía y decía: noooo, estos terminaron siendo pareja. Estuvimos hasta las seis de la mañana. Nos montamos a un taxi y seguíamos dándonos picos.

La dejé en la casa y Mira me dijo que nos viéramos al otro día, que podíamos ir al Central Park o algo así. Pero yo pensé, no, a ésta la llama todo el mundo. La voy a dejar esperando un poquitico para que me extrañe y se me rinda a los pies, aquí no hay quien pueda conmigo. Ni en Hollywood.

Esa fue la decisión más estúpida de mi vida porque ella se fue para Los Ángeles. Y yo la empecé a llamar como a los tres días y no me contestaba.

En esas salí una mañana a una tienda y vi en una revista que mi Mira se estaba besando con Kevin Kostner y yo súper adolorido. Claro, todas mis fantasías de ser novio de esta súper estrella se iban al demonio.

Bueno. Al fin pude localizarla y me contó que volvía a Nueva York. Entonces quedamos en vernos en una gran fiesta que estaba ella estaba organizando ella. Allá llegaron Mariah Carey, la escultural cantante, y una cantidad de estrellas.

Llegué al sitio y veo que Mira ya estaba bailando con don Marc Anthony, el cantante, ahora esposo de Jennifer López y que acaba de hacer el papel de Héctor Lavoe. De inmediato detecté que había algo entre los dos. Fui al bar a pedir un whisky, luego me tomé otro y otro y cuando fui a buscarla yo estaba un poco entonado. Mira nos presentó pero no le paré bolas al tipo.

Como Anthony no es que sea muy buen bailarín de salsa, entonces dije, muestre a ver, présteme a Mira y me puse a bailar con ella.

Picado, Marc Anthony intervenía y la sacaba otra vez a bailar. Y yo veía que ella estaba ahí como cuadrándose con él pero yo estaba ahí también y no me rechazaba. Si no le gustara me lo hubiera dicho.

Fui por otro whisky. Más entonado, me le acerqué a Marc Anthony y le decía: usted no sabe bailar. Me avispé y terminé bailando casi toda la noche con Mira. A mí no me interesaba hablar con el tipo porque era mi rival.

La cosa se fue calentando. Cada vez que Marc Anthony venía a bailar con ella yo le decía no, no, no, no espérese a ver, déjeme esta cancioncita.

Terminada la fiesta Mira nos invitó a otro sitio para continuar la rumba. Cuando todos salieron a la calle, ella se fue en una limosina llena de gente y no había cupo para mí.

Luego le hice una seña a un carro, una burbuja de esas negras, me paró, me subí y ¿a quién tengo a mi lado?, pues a Marc Anthony. El hombre, ofendido, me dice: lárguese de aquí. Completamente borracho, me tocó coger un taxi. Logré llegar al bar, en busca de Mira y me encontré con Karin, mi ex, que me dijo que me sentara por allá atrás para que no molestara tanto.

Cuando salí del bar, me encuentro de nuevo con Marc Anthony, sentado solo en su burbuja. Se quedó mirándome muy retador y yo le hice pistola. El tipo se bajó y me dijo que qué era lo que le estaba haciendo.

El es pequeñito, yo le llevo una cabeza, es flaquito, cabezón y le dije: vea papá, usted está muy chiquito para meterse conmigo. Yo a usted lo levantó o sea que mejor no se meta conmigo.

Listo para darle su buena mano, me salen dos gorilas, los guardaespaldas del tipo, me rodearon y ya me iban a masacrar, cuando salieron Karin Noak y Mira Sorvino. Las dos gritaban no, a él no le peguen, no le peguen, está borracho, por favor, no le peguen.

Los gorilas me soltaron y Karin estaba bravísima conmigo: es el colmo que yo lo invite a salir a usted y se emborrache, que oso el que hizo, me dijo con toda la razón.
Al otro día me levanté en un estado de culpa terrible y Karin llamándome para regañarme.

Después me vi con Mira pero había comenzado ya su relación con Marc Anthony. La mona cada vez quería saber menos de mí. Imagínense, un borracho cansón, un colombiano intenso como yo.

Después Mira y Marc Anthony terminaron, no les fue muy bien, y ella tuvo un par de relaciones más. La vida siguió para todos y no pasé nada. De vez en cuando hablo con ella y punto.

Fuera de eso, tuve la gran fortuna de asistir a los primeros programas para televisión del Inside Actor’s Studio, que dirige hace 10 años James Lipton. Allá pagué para hacer parte del auditorio y vi a Paul Newman, a Arthur Miller, el monstruo, tal vez el hombre más inteligente que haya visto en mi vida, absolutamente elocuente, es de mis dramaturgos favoritos.

Además, tuve la fortuna de estudiar con la hija de Arthur Miller y nos hicimos bastante amigos.

En Nueva York, vivía por la calle 21, en Chelsea, un lugar muy conocido por las galerías de arte, allí vivieron fotógrafos y pintores muy famosos. Un lugar muy bohemio e intelectual.

En sus propias palabras

"Buscando a Miguel es una película cuyo tema es sobre todo la búsqueda de la identidad. El protagonista se busca a sí mismo en una ciudad tan perdida como él. Y cuando se encuentra lo hace desde otro estado de conciencia porque después del drama que ha vivido reconoce el dolor y las necesidades de los demás”, Juan Fischer, director de Buscando a Miguel, en entrevista para El País.

 
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