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La Crónica del Dolor. Fanny Mikey por siempre... Imprimir E-Mail
21 de agosto de 2008

Se fué nuestra gran dama del arte histriónico mundial

Fanny Mikey era argentina pero colombiana de corazón. Su primera tierra en el país fue Cali, adonde tuvo la oportunidad de presentarse artísticamente, por última vez, el jueves 31 de julio con ese maravilloso espectáculo que era Perfume de Arrabal y Tango. Tenemos grabada su sonrisa, su vitalidad, su energía... y tantas cosas hermosas que le tributó al arte de Colombia, Latinoamérica y el mundo.

Desde el pasado 1 de agosto, Fanny se encontraba recluida en la Clínica Sebastián de Belalcázar de Cali, por una afección renal que finalmente se la llevó.

Esta es la Crónica de Séptimo Arte sobre tan triste insuceso, duelo para la patria.


Conocí a Fanny Mikey en 1977, cuando yo tenía 19 años y ella era una mujer espectacular que poco aparentaba sus 47. Le hice una entrevista a la cual ella respondió con un falso interés que era más bien consideración por lo ‘primíparo’ de mi periodismo.

Paradojas de la vida, a pesar de que nos vimos muchas veces en eventos del Teatro Nacional y el Festival Iberoamericano, así como en su oficina de la Calle 71, vine a conocerla de verdad, en los últimos días de su vida.

Por la admiración y el afecto que le tenía, no dudé en aceptar, el lunes 21 de julio, asumir el trabajo de prensa en Cali del espectáculo Perfume de Arrabal y Tango, que yo ya había visto tres veces y me tenía enamorado por completo.

“¿Te acuerdas que mi padre (el periodista Mario Posso Posso), amaba el tango? Por eso nosotros en la casa lo aprendimos desde niños. Cada vez que veo el show, vuelvo a llorar”, le dije esa tarde.

Con la satisfacción de advertir que tanto Fanny, como la jefa de prensa nacional y mi amiga, Mónica Suárez, comprendían que yo pondría el alma en la difusión de Perfume…, salí de la oficina con un paquete de afiches, volantes y cd’s, absolutamente feliz por trabajar para esta artista tan grande.

Al día siguiente, martes 22, viajé a Cali y desde un principio me puse a trabajar con los medios. Todos los periodistas estaban felices porque Fanny regresara a su tierra con un show tan particular, que sería el abrebocas de una gira por Europa.

El miércoles 30 me encontré con Fanny, Mónica y su hermana Ximena, en el edificio de la Red Sonora, para nuestra primera cita de prensa en El Corrillo de Mao. Fue maravilloso su diálogo con Mario Alfonso Escobar, Vicente Gallego Blanco y los demás periodistas. Recordaron muchas anécdotas del pasado… Para mi, el mejor momento fue cuando Fanny dijo al aire: “Mejor no hablo más, que hable Alberto que sabe describir mejor el espectáculo”.

De allí pasamos al programa Comunidad y Cultura, también de la Red Sonora, y salimos muy a la carrera, a eso de las 2:30 p.m., a comer algo rápido para llegar a la primera rueda de prensa en el Teatro Jorge Isaacs.

Saliendo del edificio, Fanny se golpeó la frente con la saliente de una escalera, y nos asustamos muchísimo. Más tarde ella aceptó mi recomendación de tomarse una cápsula de Advilmax, y a los diez minutos me dijo: “Esa pastilla es muy buena”. Era la primera vez que no se negaba a recibir cualquier otra cosa que no fuera Ponstan, para un dolor.

Había pocos periodistas en el Jorge Isaacs, pero Guillermo Restrepo, el productor del teatro, tuvo la magnífica idea de subirse con Fanny y Mónica al ascensor del escenario. Así, ella apareció ante la prensa como toda una artista… desde el foso hasta arriba.

Seguía feliz. Contó sobre la obra y sobre la próxima traída de Andrés Calamaro a Colombia, por parte del Teatro Nacional.

Luego de un corto descanso, en la tarde fuimos a Radio Internacional, al Noticiero Noti-5 y finalmente, Fanny accedió a conceder una larga entrevista a Mario Alfonso Escobar en el programa Mao te Oye, Marino te Vé, del Canal Cablecentro. Sería la última entrevista en profundidad… de su vida.

El jueves 31 de julio despertamos muy temprano para llegar al tradicional edificio de Todelar en el norte de Cali. Allí cubrimos tres citas de radio, una detrás de la otra (Oye Cali, Cartas sobre la Mesa, Noticiero Todelar), y luego fuimos a desayunar jugo de mandarina y pandebono en una panadería cercana. Allí estaba Mario Fernando Prado y el equipo de Oye Cali. Compartimos un momento inolvidable.

Llegamos al Teatro Jorge Isaacs y algunas personas pudieron observar, muy sorprendidas, cómo Fanny prácticamente les atendía ella misma en la taquilla, para ofrecer las boletas del espectáculo. Contestó el teléfono dos veces: “Teatro Jorge Isaacs, a la orden”. Mónica y yo nos mirábamos y sonreíamos.

Un taxi nos llevó posteriormente al diario El País. Como era su costumbre, a todos los taxistas les daba al menos mil pesos de propina. Saludos efusivos, abrazos, invitaciones a los periodistas.

En el diario Q’hubo (adjunto a El País), le hicieron una entrevista picante. Muy tranquila, ella lo respondió todo. “¿Qué posición sexual prefiere?”, entre otras irreverencias.

Allí me tomé la última foto que tengo con Fanny, en la cámara de Alexis Murillo. A los dos se nos nota la felicidad que sentíamos en esos momentos.

Como era lo usual, todo el mundo quería tomarse la foto con Fanny. Paciente, ella a nadie se le negaba. Igual firmaba autógrafos a diestra y siniestra, en las calles de la ciudad, como accedía a la foto del recuerdo con todo el que lo solicitara.

Por supuesto, Alexis, quien siempre ha colaborado estrechamente con las actividades de Séptimo Arte en Cali, tuvo su momento bajo la lente.

En el Hotel Casa del Alférez, al mediodía, nos encontramos con los bailarines: Iván, Gina y Camilo. Mientras yo redactaba un texto sobre ellos para El País, Fanny y Mónica fueron a cumplir una cita con Oscar Rentería Jiménez, en Radio Súper. Inexplicablemente, este señor nunca apareció. Estoy seguro de que debe haberle pesado mucho.

La ronda de prensa terminó en Tardes del Sol, del Canal Telepacífico. Fanny les obsequió una de sus memorables muñecas de tela y como siempre dijo: “Lo que más me gusta es esto” (se refería al coqueto ligero y las medias negras).

El último show

Aunque no hubo lleno total, el Teatro Jorge Isaacs palpitaba de emoción el jueves 31 de julio, antes de la salida de Fanny. Dios sabe por qué, mis dos hermanas, Fabiola y Claudia, optaron por ir a la noche siguiente. Mi hermana Yadira y mi sobrina Andrea, llegaron un poco tarde, pero llegaron.

Es completamente falso que Fanny estuviera deprimida, como lo dijeron algunos periodistas. Ella siempre lloraba en el show, como parte de la actuación de sus tangos. “Yo no canto tangos, los actúo como si fueran pequeñas obras de teatro”.

El espectáculo fue emocionante. La ovación del público, su sonrisa de satisfacción, nunca… jamás, podremos olvidarlo.

Al terminar, mientras yo despedía a algunos periodistas, me cerraron la puerta del teatro sin percatarme de ello. El celular se me había descargado en medio de la función. Me sentí intimidado de estar a esa hora, en esa zona de la ciudad, y con traje de tanguero (me había puesto vestido entero, corbata y sombrero alón), y decidí irme para la casa de mi familia en Cali.

El equipo de Perfume, junto a Carlos Palau y su esposa Angela, fueron a cenar al Restaurante Carambolo. “¿Dónde está Alberto? Yo quiero verlo…”, escuché entre varios mensajes en el teléfono, al día siguiente, cuando ya era tarde.

Me perdí de esta última reunión entre amigos que Fanny tuvo en su vida, y en la que por alguna razón, reclamaba mi presencia. Habíamos hecho una fuerte conexión...

La pesadilla

Luego de un ajetreadísimo día, el viernes 1 de agosto (con los bailarines estuve en El Corrillo de Mao y El Café de la Tarde, del canal 14, en éste último hicieron ellos un improvisado aunque impactante show), a las 5:30 p.m. me aprestaba a vestirme para el segundo espectáculo.

Me llamó Mónica Suárez. “El espectáculo se cancela hoy. Fanny está enferma”.

Poco después me informaron que ya estaba en la Clínica Sebastián de Belalcázar, y que debíamos decirle al público y a la prensa que Gina (la bailarina), se había luxado un pie, y era esa la razón de la cancelación.

Tanto ese día como al siguiente, hubo varias personas que nos insultaron (a Janeth, gerente del Teatro), y a mí, por semejante disculpa. Era claro que poca gente la creía.
A nosotros en ese momento lo único que nos importaba era que Fanny se recuperara.

Varios días después, hubo diversos comentarios despectivos con respecto a esa mentira piadosa, que se hacía considerando que protegíamos la intimidad de Fanny. Tal vez fue un error, pero lo hicimos por ella.

El sábado en la noche, luego de devolver al público (en su maýoría energúmeno por la cancelación), llegó al Teatro Jorge Isaacs, Guillermo Restrepo, el productor de la obra, a recoger a Janneth. Muy nervioso le pregunté: "¿Cierto que Fanny se para de esta?". No lo dudo un segundo al contestarme: "Es que le toca".

El domingo 3, en horas de la tarde, la verdad se conoció. Posteriormente, Alda Mera, de El País, llegó a la Clínica a las 10:00 p.m. y corroboró la situación. Fanny estaba en cuidados intensivos.

A la madrugada del lunes 4 de agosto, el Canal RCN llegó a la casa de mi familia. Me vi obligado a responder. “Debido a una afección renal, Fanny tuvo que internarse en la Clínica Sebastián de Belalcázar. Somos optimistas con respecto a su recuperación. El espectáculo se canceló en Cali pero estamos seguros que la gira por Europa se cumplirá. Fanny habrá para mucho rato”, dije, muy convencido.

Horas más tarde ya era noticia nacional. Recibí llamadas de multitud de medios. No estaba autorizado para emitir ninguna declaración. Yo sólo rezaba porque la pesadilla terminara y pronto volviéramos a ver a la Fanny, alegre y vital… de siempre. En la tarde, todavía desconcertado pero optimista, viajé a Bogotá. Apagué el celular y desconecté las líneas de mi casa/oficina. No tenía nada qué decirle a la prensa.

La mejoría

Los días pasaron y todo parecía encajar en nuestros deseos. A principios de la segunda semana de agosto, Fanny fue trasladada a habitación y la alegría se apoderó de nosotros.

El martes 15, día del estreno de Closer (su última producción), rebosábamos todos de la dicha. Había una certeza colectiva de que el peligro había pasado.

Al día siguiente fui a la oficina de la 71. Mónica se preparaba para viajar a Cali. “Creo que le dan de alta el fin de semana”, me dijo. Iba cargada de películas, cds de salsa y otras cosas para pasar los días que quedarían de clínica.

El jueves 21, temprano, le compré a Fanny un burrito de peluche. Le escribí una carta en la que el fondo era una foto suya de Perfume de Arrabal y Tango.

La carta decía:

“Mi querida Fanny:

“Estoy seguro que la próxima vez que tenga la alegría de compartir tu vitalidad, energía y entusiasmo, te voy a ver de nuevo como en esta foto… la hermosa mujer que me ha hecho llorar varias veces de la emoción, no sólo con sus tangos maravillosos, sino con todas las glorias teatrales que gracias a ella, he vivido.

“Todavía me doy látigo por lo del jueves 31 de julio. Me quedé por fuera del Teatro, por estar despidiendo a los periodistas. En medio de la función, se me había descargado el celular, me dio miedo la soledad del sitio, me cansé de tocar a la puerta, y me fui para mi casa, perdiéndome la oportunidad de haber compartido con ustedes, la cena en Carambolo.

“Así es la vida, y ya sé que habrá otras oportunidades. Por lo pronto, no hago sino agradecerle a Dios por tu salud.

“Bravo, Fanny, la vida es de los ‘tesos’ como tu. Pronto podré darte un abrazo y juntos celebrar tu recuperación.

“Mi familia y yo, hemos orado mucho por ti. Sabes que cuentas conmigo y ya que no puedo verte personalmente por ahora, te mando un burrito de nombre ALBERTO, para que lo pongas (aunque sea un momentito), cerquita de tu corazón.

“Como te lo he dicho muchas veces, FANNY, ¡te amo demasiado”.

Fanny nunca recibió esta carta, porque al llegar ésta a Cali, ella ya estaba otra vez en cuidados intensivos.

El horror

El viernes 15 de agosto, desperté lleno de optimismo. Ese día, Fanny debía recibir mi mensaje y si todo salía como esperábamos, llegaría a Bogotá el domingo.

A las 3:00 p.m. escuché en una emisora (luego nunca supe cuál fue), el anuncio sobre la muerte de Fanny. Un hoyo profundo se abrió ante mis pies (acababa de salir de ver La Guerra de los Clones). Pensé que me iba a caer. La visión se me nublaba.

Al llegar al apartamento, entre sollozos ví el anuncio del Teatro mediante el cual se avisaba de su recaída (había sido emitido el jueves, pero yo no me había percatado). Todo coincidía y sufrí la primera de una serie de crisis nerviosas, que hacía rato no vivía en mi vida. Era como un terrible sueño del cual en cualquier momento despertaría.

A las 4:30 p.m. comprobé que el rumor del deceso era falso. La prensa amarilla se ensañaba con nosotros. Querían adelantarse a los acontecimientos.

A las 7:00 p.m. estaba en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, viendo la obra Se le Tiene, pero se le Demora. El esposo de la autora y actor, Rodrigo Candamil, anunció la muerte de Fanny. No tuve fuerzas para gritar que era falso. A esa hora, Fanny todavía vivía, pero una buena parte del periodismo nacional, ya la daba por muerta.

Más tarde, solo en mi apartamento, me aferraba a la esperanza. “Fanny, tú no te puedes ir”, repetí mentalmente hasta el cansancio. No podía conciliar el sueño. Me refugiaba en una botella de whisky y simplemente, miraba al techo… esperando.

A las 2:40 a.m. recibí el mensaje de texto de Mónica Suárez: “Te informo que a las 2:12 a.m., nuestra amada Fanny, falleció”.

El funeral y la clínica

Mis fuerzas físicas funcionaron ese sábado, para llegar hasta la Plaza de Bolívar y vivir el homenaje que el Festival Salsa al Parque, le hacía a Fanny Mikey.

En la mañana del domingo, yo era un pedacito anónimo en la romería que acompañó el féretro desde la Plaza de Toros, en medio del carnaval que siempre vemos en el Festival Iberoamericano de Teatro.

El frío inclemente, la llovizna y mi tos persistente, son recuerdos vívidos de ese día.

A las 4:30 p.m., desperté bañado en sudor, en mi apartamento de Teusaquillo. No podía respirar, en el pecho me apretaba la fuerza de muchas dagas.

A las 4:45 p.m., llegó la ambulancia, y pronto estaba en la Clínica Palermo. Yo creía que era sólo una consulta de urgencias.

Radiografías, exámenes de sangre y orina. Reclusión inmediata. Bronconeumonía y pronóstico de absoluta quietud. Antibiótico intravenoso. Médicos muy atentos, al observar mi llanto imparable, indican que hay factores psicosomáticos. Me recetan Amitriptilina, un calmante suave, pero efectivo. “Tiene que manejar los nervios”, dicen.

El lunes 18, en un pequeño televisor de hospital, de 9 a 11:30 a.m. pude ver a muchos de mis amigos, a toda la gente del teatro y a un gran número de personas agradecidas, tributarle a Fanny su homenaje de despedida, en la Plaza de Bolívar del centro de Bogotá.

Yo no pude estar… Mientras todos se abrazaban y compartían su dolor, yo lloraba solo en esa habitación de la Clínica Palermo.

Jueves 21 de agosto de 2008

Han pasado cinco días sin Fanny Mikey en este mundo. Desde ayer, miércoles, volví a mi apartamento. Tenemos que mover nuestra web, paralizada desde hace tres semanas. Lo primero que hago, es sentarme a escribir esta Crónica de mi Dolor. Tal vez sea una manera de superar la gran desolación que me embarga.

Hay que seguir adelante. Por Fanny, por nosotros, por Colombia, por el cine y por el arte de este país.

¡Hasta Siempre, Fanny!
¡Hasta Siempre! ¡Hasta Siempre!


EL PERFUME CONTINUARÁ POR SIEMPRE EN NUESTRO CORAZÓN

A continuación, el texto con que Alberto Posso Gómez describió el espectáculo Perfume de Arrabal y Tango, a raíz de su última presentación en Cali.

El sonido del bandoneón se apodera de la atmósfera inundada de humo blanco. Gina irrumpe en la escena con un ceñido traje rojo que deja al descubierto un rombo desnudando su vientre. Tras ella emergen gallardos, Iván y Camilo, enfundados en vestidos negros a rayas grises, con zapatos blanco y negro.

Luego de una primera demostración de su avasallador talento, los tres bailarines señalan hacia el punto donde Fanny, ataviada de negro y con su fulgurante cabellera roja, abre los brazos al cielo diciendo: “¡Queréme así piantao, piantao, trepáte a esta ternura de loca que hay en mí, ponéte esta peluca de alondra y vola, vola conmigo ya, vola, vola, vola”.

A partir de entonces y durante una hora y cuarenta minutos, el espíritu de la música popular argentina envuelve la sala con su vaho sentido y quejumbroso. “Quiero compartir con ustedes mis nostalgias de arrabal y tango”. Con el carisma y la coquetería que la caracterizan, la estrella colombo argentina pregunta a su público: “¿Les gusta el tango?”. El asentimiento general está forrado de emotividad.

“El tango en general es triste, lleno de soledades, de nostalgias… Quiero emborrachar mi corazón, para olvidar a un loco amor, que más que amor es un sufrir”… mientras Fanny continúa con su recital, el trío de bailarines ofrece una muestra impecable de profesionalismo, estética y compás. Parecen haber nacido para estar ambientando con sus pasos, la ronca voz que no puede decirse que sólo cante el tango. Es mucho más que eso, lo interpreta con el alma. Actúa cada pieza desde el fondo de su corazón.

“Al principio el tango era patrimonio de los hombres, lo cantaban los hombres, lo bailaban los rufianes y los proxenetas… Varón pa’ quererte mucho, varón pa’ desearte bien, varón, pa’olvidar agravios, porque ya te perdoné”. Al parecer, interrumpiendo a Fanny, aparece Ivan con un traje a lo ‘mameluco’, en un rojo oscuro que apenas llega a la mitad del pecho. Desde allí, dos tiras negras anudan en los hombros del musculoso bailarín.

Ella concluye rápido su reminiscencia al origen masculino del tango para dejar a Ivan en compañía de Camilo, quien con el mismo atavío en tono sepia, se trenza en una sensual y armónica danza con su parejo.

Esta escena de Perfume de Arrabal y Tango no deja de despertar suspicacias y resquemores en una parte del público. Al tenor de la hermosa película del cineasta-coreógrafo español Carlos Saura, Tango (1998), el musical del Teatro Nacional se arriesga a poner en escena este compás dancístico masculino que algunos tildarían de ‘gay’. Pero es que Perfume, no admite moralismos ni mojigaterías. Está decidido a expresar el tango hasta su última consecuencia.

Maestra de ceremonias, intérprete y narradora, pareja espontánea del cuerpo de baile, Fanny Mikey es la esencia de Perfume de Arrabal y Tango. Así la verá Cali a partir del jueves 31 de julio y hasta el sábado 2 de agosto, a partir de las 8:00 p.m. en el Teatro Jorge Isaacs.

Fanny está más feliz que nunca. Luego de varios años de ausencia de su “Cali del alma”, regresar con un montaje de esta categoría es un motivo más de brillo para sus ojos claros. 15 personas conforman el equipo de este musical que se ha paseado triunfante por varias ciudades del mundo. Precisamente, Cali será el puente de lanzamiento hacia una nueva gira que lo llevará a escenarios de Madrid, Sarajevo, Liubjana y los festivales internacionales de Cádiz y Bucarest.

“Represento a Colombia orgullosamente”, dice Fanny, para subrayar que aún ofreciendo un espectáculo de la típica música de su natal Argentina, hace mucho rato asumió la ‘colombianidad’ como su estandarte patrio. Esta fue su bandera en el Festival Internacional de Teatro Chejov el año pasado.

Transformada en una ‘mina’ porteña, Fanny hace un recuento de la historia del tango, que también es la historia de su vida, acogiendo una serie de anécdotas de sus principales exponentes, recopiladas por su amigo Mario Morgan.

Contagia, emborracha, alucina, y va elevando un torbellino en el que terminan envueltos todos los espectadores: Balada para un Loco, Cambalache, Mano a Mano, Volver, Malena, parece que no cabe ya más emoción en el espíritu.

Hay que sentir este musical que se enreda en el alma, y deja sonando en los sentidos, ese pensamiento triste que se baila. ¡Bravo, Fanny!



“El tango es un pensamiento triste que se baila”.

“Primero te enamoras del tango, luego te enamoras del bailarín”.

“Al perderte yo a ti, ambos hemos perdido, yo porque tú eras lo que yo más amaba, y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amará nadie como te amaba yo”. Poema de Ernesto Cardenal.

Cambalache fue prohibido por todas las dictaduras militares. Su mensaje, aún tiene hoy vigencia, como en el año 35… ¿tú crees que el mundo es una porquería?”

“Así, aunque pasen los años, rejuvenece con sus espectadores con quienes comparte sus sueños y ella aparece al fin, entre las luces, rodeada de bohemios, de bailarines, de músicos, sonriendo y haciendo chistes de cada cosa, improvisando, cantando como una percanta que huye de sus calles de hastío y nos deja con unas ganas enormes de vivir. Ella siempre será un Naranjo en Flor, y cada noche la veremos Volver, emanando un Perfume de Arrabal y Tango”. Farley Velásquez, director.



En la Dirección

Farley Velásquez, el director de Perfume de Arrabal y Tango, nació en Medellín, es fundador y director del Teatro Hora 25. Obtuvo el Premio Nacional de Dirección Teatral 2007 del Ministerio de Cultura, con Electra, de Eurípides.

Ha dirigido obras como: Estados de Condena, Il Rapsoda di les Toninos, De Dos Amores, The Gangsters B.F.A., La Mujer de las Rosas, Ricardo III el Rey Matapríncipes, Eros y Thánatos, Hamletmáquina, El Diario de un Ladrón y Romeo y Julieta.

Desde hace diez años dirige el Grupo Escénico Eafit con quien obtuvo el primer lugar en el Festival Interuniversitario de Teatro, organizado por Ascuncultura Regional Antioquia, con la obra Hécuba, de Eurípides, en 2006. Con este grupo ha realizado montajes de obras colombianas como María, de Jorge Isaacs; El Nuevo Alumno, de Andrés Caicedo; Amores Simultáneos, de Fabio Pubiano; y ¿Dónde estás amor?, con textos de Heiner Müller, Gonzalo Arango y Farley Velásquez.

Ha participado en los festivales: Chéjov de Moscu, Latinoamericano de Teatro Ciudad de Guayaquil-Ecuador, Centroamericano de Teatro San salvador-El Salvador, II Festival de Teatro Universitario La habana-Cuba, II Festival de Teatro y Danza la Plata-Argentina , 1er. Festival de Arte Verbal Maulhelden/Verbal Heroes Tempodrom de Berlín-Alemania, Festival 5X Macbeth en el Jüngen Theater Bremen-Alemania, Festival Dancing Roads de Bremen-Alemania.

Fue invitado especial en coproducción con el IX Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá 2004, Festival Don Quijote Paris-Francia, Festival Theater Utsav Nueva Delhi-India, cinco festivales Iberoamericanos de Teatro de Bogotá, tres festivales Latinoamericanos de Teatro de Manizales y el X Festival Internacional de Arte de Cali.

Es egresado de la Escuela Popular de Arte de Medellín y ha realizados estudios teatrales complementarios en España. Su propuesta estética está enmarcada en los lenguajes teatrales contemporáneos, actuación con fuerza corporal y visceral, con un sentido de reflexión vital sobre la condición del hombre actual, la justicia y el amor.

Oscar de Luca, director musical y guitarrista, ya había trabajado con la directora del Teatro Nacional en A Fanny lo que es de Fanny, mezcla de teatro, cabaret, stand-up, drama y documental; y en Un Tranvía Llamado Deseo, junto al bandoneón de Raúl Atensio.

Marcos Quiroz, inspirado artista del bandoneón; y Silvio Granados, en el contrabajo.

El cuerpo de baile está integrado por los artistas antioqueños Iván Ovalle y Gina Medina, pareja especializada en ritmos argentinos desde 2001, campeones nacionales del concurso El Tango se toma a Bogotá y directores de la prestigiosa academia Alma de Tango en Bogotá. Completa el trío en Perfume de Arrabal y Tango, Camilo Bello.

 
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