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"El día que ví Milk", por Ada Luz Restrepo, desde Estados Unidos Imprimir E-Mail
30 de abril de 2009

Una reportera caleña relata la experiencia de ver “Milk” en uno de los emblemáticos teatros de San Francisco, California, cuna del movimiento gay estadounidense.

Una oda a la esperanza, un llamado a la tolerancia

Por Ada Luz Restrepo C. (*). Especial para Séptimo Arte

Cuando uno llega a San Francisco obligatoriamente tiene que visitar el Puente Golden Gate y la Isla de Alcatraz. Quizá también deba ir al barrio Haight-Ashbury, la cuna del movimiento hippie estadounidense, y al barrio Chino. Pero eso si… estar en San Francisco y no visitar el barrio Castro es como nunca haber estado ahí.

Castro es el corazón de la comunidad gay no solo en san Francisco sino también en California. Es tal vez la agrupación homosexual mayormente reconocida en todo el país. Banderas con los colores de arco iris ondean en sus calles. Parejas homosexuales abiertamente caminan por la calle abrazados. Y por supuesto, fue ahí en donde surgió el primer político abiertamente gay en la historia de los Estados Unidos…. Harvey Milk.

Por eso, cuando Gus Van Sant decidió revivir de la mano de Sean Penn la trágica historia de quien se convertiría en el símbolo de la lucha por los derechos de los homosexuales en California, San Francisco se paralizó. Fueron ocho semanas de rodaje en el que los San Franciscanos volvieron a recordar los días en que Milk hizo historia.

Como era de esperarse, la película se exhibió primero en San Francisco, en el Teatro Castro, ubicado justo en el famoso barrio y que sirve de referencia constante para el desarrollo de la trama. Fue frente al Castro en donde Milk dio su famoso discurso de la esperanza que desencadenó el “Gay Freedom Parade”, la mayor manifestación del orgullo gay en todo el país.

Y fue en el Teatro Castro en donde yo tuve la increíble oportunidad de ver Milk. Recuerdo que esa noche llovió pero había sido tan difícil conseguir la boleta para entrar que así se cayera el mundo, yo iba a estar ahí. El Teatro Castro es un auditorio para teatro (como el Jorge Isaacs o el Municipal). No es una sala de cine convencional. Pero, ¿qué es convencional en el barrio Castro?

No tuve que ver aguantarme 10 minutos con trailers de otras películas. Previo a la función, un pianista vestido de blanco tocaba música de los 60’s en un piano también blanco. El pianista tocó la última nota y se levantó el telón (literalmente… un hermoso telón rojo se elevó por los aires). Entonces rodó la cinta, en un ambiente cargado de emociones, en medio de un público mayormente homosexual que justamente en ese momento se encontraba sumergido en una contienda política para que los votantes de California permitieran los matrimonios entre parejas del mismo sexo.

Reímos, lloramos, vivimos de cerca la historia de Harvey Milk, interpretado por el irrepetible Sean Penn. Cuando el telón volvió a caer, los cientos de asistentes del Castro aplaudieron, lloraron y se abrazaron. Esta no fue una función de cine normal. Fue una oda a la esperanza, un homenaje al hombre que se enfrentó al sistema, un llamado a la tolerancia… una cinta magistralmente realizada que invita a respetar a quienes han decidido amar de diferente manera.

Los cientos de asistentes que tuvimos la oportunidad de ver Milk en el Teatro Castro queríamos salir y celebrar. Yo no soy gay pero también lloré, abracé a quienes me rodeaban, y salí del Castro con ganas de festejar, con ganas de gritarles a los intolerantes que durante la historia han comandando nuestros gobiernos que ya es hora de que todos seamos reconocidos como iguales.

Milk tocó mi corazón y mi vena cinematográfica, y en ese momento pensé que acababa de ver un nuevo clásico del cine. Y es que esta película es considerada ya en Estados Unidos una cinta de culto. Sean Penn, uno de los más grandes actores en Hollywood, se llevó a casa un merecido Oscar tras la tremenda y desgarradora interpretación de Harvey Milk.

Y yo sólo tuve que pagar 10 dólares para ver este clásico en el mismo lugar en donde Milk un día cambió el rumbo de la historia.

(*) Ada Luz Restrepo C.

Ada Luz Restrepo C., colaboradora de Séptimo Arte en Estados UnidosAda empezó su carrera justo aquí en Séptimo Arte, cuando aún era estudiante en la Universidad Santiago de Cali en la facultad de Comunicación Social.

Pronto empezó a escribir para el periódico El País, en donde fue reconocida en el año 2000 por haber escrito la Mejor Crónica del Año. Además, fue parte del equipo fundador de CHVR, la primera revista orientada al público juvenil publicada por El País.

En el 2004 fue invitada a hacer parte del equipo editorial del periódico El Mundo en Austin, TX, en donde iba a estar sólo por 2 años. Sin embargo, el amor la obligó a quedarse en Estados Unidos.

En el 2006 se mudó a San Francisco, CA, en donde trabajó como escritora y productora para la cadena Univisión. En el 2008 recibió el premio RTNDA Award, otorgado por la Asociación Nal. De Directores de Noticias, en la categoría de redacción de noticias.

Ada es amante del Séptimo Arte y una incontrolable lectora de libros.

Más información sobre Milk, en el Catálogo de Séptimo Arte.

 
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