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  Titulo Original: Inglourious Basterds. Drama, 12 años, Israel Francia Alemania, 2008, 106 min. Dirección: Quentin Tarantino. Intérpretes: Brad Pitt (teniente Aldo Raine), Diane Kruger (Bridget Von Hammersmark), Mélanie Laurent (Shosanna Dreyfus), Christoph Waltz (coronel Hans Landa), Michael Fassbender (Archie), Daniel Brühl (Frederick Zoller), Eli Roth (Donny), B.J. Novak (Smithson), Til Schweiger (Hugo Stiglitz), Gedeon Burkhard (Wilhelm Wicki), Julie Dreyfus (Francesca Mondino), August Diehl (Major Dieter Hellstrom). Producción: Lawrence Bender. Cinematografía: Bob Richardson. Edición: Sally Menke. Diseño de producción: David Wasco. Vestuario: Anna B. Sheppard.
HISTORIA
La pesadilla está justo sobre su cabeza. Escondidos bajo el piso de una granja, Shosanna Dreyfuss aspira salvarse del asedio nazi, en el primer año de la ocupación alemana en Francia. Pero el furioso sonido de las botas pronto se transforma en interminables disparos de fusil. Shosanna escapa de milagro, pero queda en la mira del macabro coronel Hans Landa.
Al tiempo, el teniente Aldo Raine instruye a un grupo de voluntarios judíos para trabajar en la resistencia, mediante súbitos y terribles castigos a cualquiera que sirva a la causa alemana, por lo que son llamados los bastardos. A ellos se une una actriz alemana y planean algo mayúsculo: encerrar a Hitler y sus principales oficiales en un cine, incendiarlo y acabar así, de raíz, con la pesadilla nazi.
Más adelante, los personajes se entrecruzarán a medida que el plan se estrella contra todo tipo de obstáculos, y sus perpetradores insisten en llevarlo a cabo, a pesar del inmenso riesgo.
OPINIÓN: LA TRAVESURA DE TARANTINO
Bastardos sin gloria no es el remake del título de Enzo Castellari de 1978, aunque se inspira ligeramente. Es una gigantesca tomadura de pelo del ingenioso Tarantino, que cualquier vericueto que encuentre para sus nuevas películas, parece funcionarle a la perfección.
Con pinta de cómic de espionaje o folletín de guerra, el director estadounidense venía gestándola desde hace una década, tiempo durante el cual dudó entre convertirla en novela o miniserie televisiva. En 2008, se decidió por el largometraje.
“El principio es como una cinta italiana de vaqueros pero con la iconografía de la Segunda Guerra Mundial”, apunta Tarantino. Mientras que el productor Lawrence Bender, afirma: “Es un cuento de hadas relatado con el estilo de Quentin. Es una fábula y nos lleva por un trayecto único desde la primera escena”.
El argumento del filme combina personajes reales y ficticios que interactúan en una especie de realidad alterna. Por eso, el espectador debe estar preparado para cualquier cosa menos una clase de historia, e incluso podría considerarse que la cinta es una descarada burla caricaturesca a la misma historia.
Condimentada con la genialidad histriónica de Brad Pitt, Christopher Waltz (ganador del premio a mejor actor en Cannes 2009 por este rol); y en particular, una breve pero contundente escena del alemán August Diehl (protagonista de Dr Alemán), Bastardos sin gloria es una muestra clara de la maestría de Tarantino, su sagacidad y picardía.
Una desquiciada pilatuna que rebosa de gracia e ingenio.
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