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El Violín Imprimir E-Mail
08 de agosto de 2007
EL VIOLÍN (2005), es la obra maestra del cine mexicano que se estrena el viernes 10 de agosto en Cali, luego de ser un éxito en Bogotá y Medellín. Es la historia de un anciano que se camufla en su apariencia débil y humilde, para atravesar las líneas enemigas a los campesinos: el ejército, y rescatar unas municiones valiosas que pueden constituir la vida para los suyos. Casi 30 premios internacionales ha obtenido esta hermosa página del cine latinoamericano, que habla de dignidad, de empeño y de levantar la cabeza en contra de las injusticias.

Título original: El Violín.
Drama, guerra, suspenso, 12 años, México, 2005, 98 min.
Dirección y guión: Francisco Vargas Quevedo.
Intérpretes: Ángel Tavira (don Plutarco), Dagoberto Gama (el capitán), Fermín Martínez (el teniente), Gerardo Taracena (Genaro), Mario Garibaldi (Lucio), Fermín Martínez (Teniente), Silverio Palacios (Comandante Cayetano), Octavio Castro (Zacarías), Mercedes Hernández (Jacinta), Gerardo Juárez (Pedro), Ángeles Cruz (Jefa guerrillera), Norma Pablo (Jefa guerrillera), Ariel Galvan (Joaquín), Amorita Rasgado (Prostituta), María Elena Olivares (Doña Lupe), Esteban Castellanos (Manuel).
Producción: Francisco Vargas Quevedo, Ángeles Castro, Hugo Rodríguez. Música: Cuauhtémoc Tavira, Armando Rosas. Cinematografía: Martín Boege Paré, Oscar Hijuelos. Edición: Francisco Vargas Quevedo, Ricardo Garfias. Diseño de producción: Claudio Contreras. Sonido: Isabel Muñoz. Vestuario: Rafael Ravello.
Calificación de Séptimo Arte: * * * * * (Excelente).

Acerca del argumento

Don Plutarco un anciano violinista, su hijo Genaro y su nieto Lucio llevan una doble vida. Por una parte, son humildes músicos rurales y, por otra, apoyan activamente al movimiento guerrillero campesino contra el gobierno opresor.

Cuando el ejército invade el pueblo, los rebeldes deben huir y abandonar las municiones. Mientras la guerrilla planea el contraataque, el viejo Plutarco lleva a cabo su propio plan: valiéndose de su viejo violín y de su aparente imagen de hombre indefenso, regresa al pueblo para rescatar las municiones.

El viejo impacta al capitán con su música, quien fascinado obliga al viejo a regresar y tocar cada día mientras come. Don Plutarco tiene la música y quiere las armas; el Capitán debe sofocar a los guerrilleros, pero ama la música…
Dos seres unidos por la música, enfrentados por su destino…

Acerca del director, Francisco Vargas Quevedo

Estudia teatro en el Instituto Nacional de Bellas Artes, Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana y Dramaturgia en el taller del Maestro Hugo Argûelles.

Ingresa al Centro de Capacitación Cinematográfica en 1995, especializándose en fotografía y realización. En el 2004 su documental Tierra Caliente, Se Mueren los Que la Mueven, recibe varios reconocimientos nacionales e internacionales. En el 2005, su cortometraje de tesis El Violín, recibe el Premio a Mejor Cortometraje Iberoamericano en la XVII Muestra de Cine de Guadalajara comenzando una serie de reconocimientos a nivel internacional

La expresión del cineasta

En El Violín, un pueblo rebelde, armado, es tomado por los militares y la mayoría logra huir a las montañas. Un anciano violinista y un capitán que ama la música se vuelven los personajes centrales de la trama.

Según palabras del director, Francisco Vargas Quevedo, es una historia de "dos seres humanos que el destino, el sistema, ha enfrentado, ha hecho 'enemigos', se encuentran a través de la música”.

"Quería hablar de la música, de la solidaridad, de la capacidad de organización", dice el director.

Vargas buscaba que la historia no se pudiera ubicar en el tiempo ni en el espacio, para que el espectador tuviera la sensación de que podía ser una historia sobre la injusticia social, el olvido, la miseria, que ocurre en cualquier lugar del planeta y en cualquier época. Circunstancias que orillan a levantamientos armados que buscan cambiar sus condiciones de vida, "cuando no se encuentra otra salida para cambiar la realidad, cambian los contextos, pero las causas siguen ahí, de fondo", dice Vargas.

"Quería hablar de ese otro México que está allí, con una desigualdad extrema, y que pocos miran; de ese México que se asoma con tan sólo levantar la alfombra".

"El cine es un espejo para vernos. Está bien que existan películas de fórmula comercial, pero también necesitamos que se reflejen otras realidades", afirma. "Se trata de sacar la cámara y contar las historias que ahí están."

En la cinta "no hay buenos ni malos". Hay seres humanos que actúan como el brazo armado del Estado, pero no son malos por naturaleza; son usados por un Estado represor, como en el caso de San Salvador Atenco. "No hay justificación para los atropellos y la violencia, pero en el fondo trascienden las causas de que todo esto suceda".

Acerca de la producción

Para lograr la sensación de universalidad y para que fuera "hiperrealista", la película se filmó en blanco y negro, y se intentó hacerla lo más simple posible, sin efectos especiales, y 90 por ciento se hizo sin luz artificial, con pizarras. Además, está filmada en el pueblo del director.

Y, quizá más importante, la mayoría de los que salen en la película no son actores, y el personaje principal se interpreta a sí mismo: Angel Tavira (don Plutarco) es un violinista nacido en el seno de una familia de músicos en Corralfalso, Guerrero, en 1924. "Incorporé elementos de la vida de don Angel en la película", cuenta el director. "Quise hacerlo ciento por ciento realista, que tuviera la sensación de realidad más allá de una película de ficción”.

La música de la película es tradicional de Tierra Caliente, del Estado de Guerrero.
Don Angel se ha entregado al rescate de la música de su región. Parte de la labor consiste en reunir la música y que no quede inédita; también ha sido director musical del Conjunto Hermanos Tavira.

Los personajes principales, enfrentados, son, por cierto, de la misma tierra. Dagoberto Gama (El Crimen del Padre Amaro, Amores Perros, De la calle), quien actúa el papel del capitán del ejército, confiesa que de chico "me hubiera gustado ser guerrillero". Cuenta que cuando estaba en la preparatoria veía pasar los carros militares y "los detestaba".

El proyecto de El Violín comenzó con un cortometraje homónimo que formó parte de la Selección Oficial de Cannes de 2005, en la sección Cinefondation. La película se hizo con presupuesto reducido (el director prefirió no dar cifras).

El Comentario, por Oswaldo Osorio, en el periódico El Mundo, de Medellín

Se acabó la música

En un país como Colombia, con una guerrilla tan desprestigiada, resulta desconcertante la visión tan clara y contundente que ofrece esta película mexicana sobre los movimientos revolucionarios. Y para hacerlo, su director no tuvo que recurrir a discursos trasnochados ni a golpes de efecto, como lo hiciera hace poco su compatriota Luis Mandoki con Voces Inocentes, por ejemplo. De hecho, salvo la primera escena, es una historia sin violencia manifiesta, y aún así, es un relato tan duro como sobrecogedor.

Con un planteamiento argumental muy simple, la película da cuenta de ese espíritu revolucionario que hay entre la gente oprimida de México. Un espíritu que se manifiesta de distintas formas, ya con las armas, o por medio de una conspiración en la que cada quien tiene su secreto papel, o incluso, “mandando obedeciendo” como promulgan los zapatistas. Porque justo eso hacía don Plutarco, con una falsa sumisión, y ayudado por la música de su violín, fue ganándose la confianza de los militares en beneficio de su causa.

Lo más sorprendente de esta cinta es que, aun siendo un relato decididamente militante, que toma un claro partido por el derecho al levantamiento armado contra el gobierno, en ningún momento cae en el panfleto, ni en proselitismos de izquierda ni nada parecido.

Porque más que una película política es una película humanista. Sus argumentos en favor de la lucha armada contra un poder que ha oprimido y arrinconado en la miseria a los campesinos, son justificados por una suerte de derecho natural de los hombres a la dignidad y a la mutua solidaridad. Como dice la fábula de don Plutarco: es una lucha entre los muchos “hombres de verdad” y los pocos “hombres ambiciosos”.

Se trata de la lucha contra el sistema, que es injusto y opresor, pero en últimas es un sistema materializado por hombres, representados muy eficazmente en la historia por el terrateniente y el militar (sólo faltó la iglesia). Mientras que con el episodio del burro la historia da cuenta de esa mentalidad del terrateniente, esto es, sacarle siempre más a los que menos tienen; en el caso del militar vemos a un hombre que viene del pueblo, un hombre potencialmente noble, pero que está peleando la guerra desde el bando equivocado.

Por otra parte, lo que más llama la atención de esta película es la sencillez de su planteamiento y sus imágenes para decir cosas capitales. Su virtud está en la mesura para usar los recursos visuales y narrativos, pero que consiguen ser de una elocuencia conmovedora. En esta película hay una honestidad y una mirada limpia con lo que quiere decir y como lo quiere hacer, empezando por el necesario uso del blanco y negro, que resulta tan consecuente con la historia como atractivo estéticamente. Y también por esas actuaciones precisas y contenidas que, en consonancia con la vocación realista del filme, resultan sin artificios y directas en su propósito.

Pero no por su sencillez y corte realista la cinta está exenta de metáforas y poesía. El uso de la música como hilo conductor le otorga estas características. Es la música la que crea un vínculo entre los dos bandos. De nuevo el arte que une a los hombres en su humanismo. Como el torturador de Benedetti que amaba a Mozart, el militar de esta historia se ve conmovido por la música, pero al final, ante la guerra y la opresión, no puede haber lugar para la música, al menos no para unir a los enemigos, aunque sí para que siga acompañando a la gente que hace la revolución, el último plano de la película así lo sugiere.

Más opiniones

“Si tuviera que definir está película diría que es un poema visual .Un poema, de esos, comprometidos con su tiempo, con el dolor de su pueblo y de su época .Un poema que bien podría haber sido escrito por Rulfo, por Violeta Parra, por José Martí. Una increíble acuarela en blanco y negro que aunque transcurre inequívocamente en México, tiene (como toda gran realización) la capacidad de pintar una historia que podría haber acaecido en cualquier parte de nuestra América Latina tan herida por la violencia, la injusticia, la opresión. En medio de ese escenario Don Plutarco sólo tiene a su hijo, a su nieto, y…su violín. Ese, que le permite enfrentar a un capitán de quien depende la vida de los suyos, diciéndole:” yo solo soy un músico”. Las armas para matar, la música para vivir, incluso en el horror .La música, ese milagro increíble que logrará que al menos por un tiempo Plutarco y el Capitán no estén tan alejados. La música como símbolo de una humanidad que intenta resistir aún en el corazón más endurecido por la crueldad.
La estática del filme es bellísima, cuidada, ambiciosa en el sentido más pleno de la palabra y es vehículo perfecto para la transmisión de la ética que propone: justamente que la música de los olvidados se haga oír. Ganadora de 27 premios internacionales ( Cannes, San Sebastián, Huelva, Morelia, Gramado, Ecuador, entre otros), sólo me resta agradecerle este enorme regalo al realizador y recomendarla fervorosamente a quién, a pesar de los tiempos que corren, o tal vez justamente por ello tenga la sensibilidad para detenerse en un relato sobre el dolor, sobre la lucha, sobre la esperanza, en un fondo de monte acariciado por la luna y, y con el rumor de un exquisito y entrañable violín traído por el viento”.
Cineideal.

“Cinco elementos: un violín, municiones, un ejército, una rebelión popular, la lucha por sus derechos. Cuatro personajes: Don Plutarco, un viejo violinista; Genaro, su hijo guerrillero; Lucio, el nieto, testigo mudo; el Capitán, un soldado despiadado. Tres compromisos: vivir la música para ser libres; imponer la fuerza de las armas sobre la voluntad humana; sacrificar todo para lograr una vida. Dos caminos: el respeto por los ideales de uno, o por la dolorosa traición. Una película que permite sentir lo que la vida es realmente”. El Séptimo Arte.

“Denuncia de una lógica que acaba arrastrando a todo aquél que se acerque a su espiral destructiva, El Violín toma aún más sentido por su profunda humanidad y su arriesgada y militante apuesta. Y, lo que es más importante, lo logra sin contener discursos o arengas, sin caer en el subrayado reiterativo, sin hacer trampas al espectador… Una primera película perfecta, soberbia; un nombre a seguir con atención”. Miguel A. Delgado, La Butaca.

“Ecos de cinefórum. (...) de vez en cuando aflora un plano poderoso o un diálogo con hondura, pero, por lo general, al espectador se le queda la sensación de ver la forzada recreación de un cine ya imposible". Jordi Costa, Diario El País, España.

“Reflexión humanista acerca de la barbariede algunas dictaduras latinoamericanas frente a la defensa de la dignidad humana”. Le Film Francais.

“Metáfora con profundas raíces en la sociedad latinoamericana”. Screen International.

Links

Web oficial, en El Violín.
Web de la distribuidora en Colombia, en Cineplex.
Ver el trailer, en Cine Las Américas.

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Pocas películas mexicanas me han cautivado como ésta, en Xspecie.
Una película perfecta: ¡6 estrellas!, en Togno.
Un pedazo de verdad, en La Butaca.
Entrevista con el director, en Todo Cine.
El arma de don Ángel Tavira, en Proceso.
La unión entre la guerrilla y la música popular mexicana, en Gara.
Referencias, en Zinema.
Merece reconocimiento y éxito en la taquilla, en El Perro Café.
Cine que habla de las heridas de los pueblos, en Terra.
El poder de la música, en Soy Joven.
La música natural del violín, en Noticias de México.

 
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