Título original: L'heure d'été. Drama, familiar, 12 años, Francia, 2008, 103 min. Director: Olivier Assayas. Intérpretes: Juliette Binoche (Adrienne), Charles Berling (Frédéric), Jérémie Renier (Jérémie), Edith Scob (Hélène), Dominique Reymond (Lisa), Valerie Bonneton (Angela), Isabelle Sadoyan (Eloise), Kyle Eastwood (James), Alice de Lencquesaing (Sylvie), Emile Berling (Pierre), Jean-Baptiste Malartre (Michel Waldemar). Guión: Clémence Schaeffer. Producción: Marin Karmitz, Nathanaël Karmitz y Charles Gillibert. Cinematografía: Eric Gautier. Edición: Luc Barnier. Diseño de producción: François-Renaud Labarthe. Vestuario: Anais Romand y Jürgen Doering.
Tres hermanos adultos, Frédéric, Adrienne y Jérémie, pasan el verano con sus hijos en la casa familiar, habitada únicamente por su anciana madre. Ella, pariente de un célebre artista ya fallecido, tiene una excepcional colección de arte del siglo XIX que perteneció a un tío; y la propia casa, que constituye una joya arquitectónica. Naturalmente, quiere prever la disposición de estos bienes en previsión de su muerte.
Frédéric, el hijo mayor, no quiere oír hablar del tema; él es partidario de no vender la casa en el futuro, pensando en el verano de sus hijos. Pero los otros dos hermanos tienen sus vidas hechas en Estados Unidos y China, y la mejor opción para ellos sería la venta.
Cuando al poco tiempo, repentinamente fallece la madre, los hermanos deben limar sus diferencias y tomar decisiones, lo que produce en ellos sentimientos agridulces, como la amputación de parte de su entrañable pasado.
Adrienne, exitosa diseñadora de Nueva York; y Jérémie, dinámico hombre de negocios asentado en China, tendrán que enfrentarse al fin de su niñez, así como al cúmulo de memorias compartidas, en una inesperada experiencia que los enfrenta a sus orígenes, y pone entre paréntesis su particular visión del futuro.
En cuanto a Frédéric, economista y profesor universitario residente en París (el único que se quedó haciendo su vida en París), es el que quiere conservar todo el legado que dejó su madre, principalmente aquel que ella reunió del tío coleccionista y artista al cual adoraba.
Un escritorio art noveau, cuadros del artista plástico Corot, el jarrón de Bracquemond, entre otros, son algunos de los elementos en cuestión sobre los cuales los tres herederos deberán elegir un destino y obviamente también todos los magníficos recuerdos: sentimientos, olores y sensaciones que esos objetos y la casa materna les despiertan.
A pesar de ser una producción francesa que por supuesto nos propone cuestiones e idiosincrasias tan propias de esta cultura, ‘Las Horas del Verano’ es también la radiografía de cualquier familia que habite este mundo.
Una casa con historia, objetos cargados de tiempo, una familia que se desintegra, tres generaciones puestas en relación (y contradicción): todo aparentemente pequeño. Pero el director, Olivier Asssayas consigue, a partir de estos mínimos elementos narrativos, llevar al espectador muy lejos.
¿Cómo se incrusta el tiempo en los objetos y los lugares? ¿Cómo el dinero es capaz de desincrustar ese tiempo y borrar o nivelar el pasado? ¿Cómo ha cambiado la sociedad -francesa, sí, pero vale para toda otra sociedad-, en el lapso de tres generaciones? ¿Cómo se enfrentó y se enfrenta cada una de estas tres generaciones a su pasado y a su historia, al tiempo y por tanto a la vida?
Grandes preguntas dentro de una historia supuestamente pequeña… que esboza inmensas respuestas.
La familia se reúne los veranos en torno a la antigua residencia y ahora cuasi-mausoleo de un célebre pintor. En ella vive (y muere) la madre (y antigua amante además de un familiar del pintor) de tres hijos que tendrán que hacerse cargo del pasado: mantenerlo intacto, borrarlo para siempre o trascenderlo. Y una tercera generación, la de los hijos-nietos, que están ya fuera de ese tiempo, aunque no puedan ignorarlo.
Sí, una reflexión sobre el tiempo, los objetos y el arte, sobre el destino de todo ese pasado y, por ende, sobre la sociedad actual. A partir de aquí, Assayas responde de varias y brillantes formas a las preguntas que él mismo plantea.
En primer lugar, la inexorable conversión de los lugares en espacios: los lugares estaban vinculados a un tiempo y a una historia; los espacios, en cambio, son lugares sin historia, vaciados de tiempo. La casa familiar pasa de ser un lugar cargado de memoria a un simple espacio vacío, es el mismo destino de todos los objetos y obras de arte que pueblan la residencia familiar, son despojados de su relación con su lugar y su tiempo concretos (los jarrones art déco que dieron vida a las flores de una casa), para ser ahora simple tiempo congelado (“jarrón art déco perteneciente a la familia…”), meros decorados de la historia.
En segundo lugar, el tiempo y la historia franceses a través de tres generaciones: la primera, la de la madre y el pintor, volcada al pasado, a mantener intacta la memoria y una suerte de linaje.
La segunda, la de los hijos, vive en un presente que se mueve entre la impotente pretensión de mantener la memoria y su contrario, el desanclaje más absoluto con el pasado y la identidad, representados en la película en sus dos formatos posibles: mediante la hija, diseñadora, anclada en Nueva York y ejemplo claro de la ausencia contemporánea de fronteras (ya no hay lugares, sólo espacios que recorrer); y a través de uno de los hijos, ejecutivo medio destinado en China (los lugares se cambian por dinero, el dinero te cambia de lugar y cambia la fisonomía del lugar).
Y la tercera generación, la de los adolescentes de hoy, instalados más que en el presente en una suerte de instante permanente o eterno, que intenta en vano detener el tiempo y lanzarse al disfrute del ahora, pero que es con todo capaz de mirar con nostalgia al pasado y con miedo al futuro.
Olivier Assayas
“Para mí el cine fue siempre una herramienta de exploración del mundo; en consecuencia, mi trabajo se desarrolló como un trayecto que fue guiado por mi anhelo de ir a descubrir el mundo que me rodea, donde también imagino que voy a descubrirme a mí mismo. Creo que esto vale para las películas que hice y para las que voy a hacer”. Olivier Assayas.
Nació en París el 25 de de enero de 1955. Durante los años 80 ejerció la crítica cinematográfica en la revista Cahiers du Cinema. Tras la realización de sus dos primeros filmes, Irma Vep (1996) y Finales de agosto, principios de septiembre, (1998), fue saludado como el sucesor de la nouvelle vague.
En 2000 dirigió Los destinos sentimentales. Fuera de Francia ha rodado Demonlover (2002), Clean (2004) y Boarding gate (2007), tres filmes muy polémicos.
Assayas es un director camaleónico que se sirve tanto del naturalismo pausado como de la estilización poco menos que experimental para establecer perspicaces radiografías complementarias del presente. Su producción se ha caracterizado por el magnífico uso de la cinematografía como recurso narrativo, así como por un estilo donde es evidente el balance entre su experiencia como realizador y como crítico, al tiempo que es posible advertir una constante tendencia hacia la experimentación.
Con Las horas del verano, Assayas vuelve al intimismo impresionista y nostálgico de la preciosa Finales de agosto, principios de septiembre.
Después de Las Horas del Verano, el siguiente proyecto de Olivier Assayas es un biopic sobre el terrorista venezolano Illich Ramírez Sánchez, Carlos, el Chacal. Un reparto internacional hará suyo el libreto de Assayas y Dan Frank, basado en las investigaciones periodísticas que seguían la pista de Ilich Ramírez Sánchez, alias El Chacal, hoy en una cárcel de Francia, país en el que cometió varios atentados en la década de los 80, vinculado habitualmente al movimiento terrorista internacional de los 70 y 80 y al Frente Popular para la Liberación de Palestina.
En IMDB.com se anunció su siguiente proyecto, que sería Les temps de venir, nuevamente con la aparición de Juliette Binoche.
Las Horas del Verano nace de un curioso proyecto promovido en 2006 por el parisino museo de Orsay para celebrar sus veinte años de existencia, ubicado en la antigua estación de tren de Orsay.
Olivier Assayas, Jim Jarmusch, Raoul Ruiz y Hou-Hsiao-hsien debían dirigir, cada uno de ellos, un filme que tuviera al menos una secuencia de cierta relevancia que se desarrollase en el museo. Esa fue la premisa inicial. La otra, que todos tuvieran a Juliette Binoche como protagonista.
Sólo Hsiao-hsien y Assayas han realizado su filme hasta el momento. En Las Horas del Verano, en sus pasajes finales, el imponente museo parisino alcanza gran relieve y se convierte casi en protagonista.
Las Horas del Verano trata de algo tan metafísico e intelectual como la memoria sentimental de los objetos, las obras de arte como testigos del paso del tiempo y de nuestra existencia.
Assayas, que filma el campo con estilo pictórico y la ciudad con austeridad, nos habla de un mundo y una cultura que desaparecen en pro del dinero y la globalización. Aunque por el camino se susurren, con ese sutil “savoir faire” galo, pequeños dramas de estos seres maravillosamente dibujados.
Reconocido por la solidez de su carrera, Olivier Assayas es sin duda uno de los principales exponentes del cine francés de la actualidad.
Juliette Binoche (Adrienne)
Nacida en París, el 9 de marzo de 1964, hija de actriz y de un escultor. Estudió en el Conservatorio Nacional y debutó en los escenarios a los 17 años. Se dio a conocer en 1984 por su papel de una adolescente Virgen María en la controvertida Yo te saludo....
En 1988 atrajo la atención de los críticos de cine con La insoportable levedad del ser. Roger Ebert, crítico de cine de Chicago Sun-Times, la describió como “casi etérea en su belleza e inocencia".
En 1992, al lado de Jeremy Irons y dirigida por Louis Malle, ingresó al estrellato gracias a Damage. Un año más tarde, estuvo en Azul, de la trilogía Tres colores, de Krzysztof Kieslowski. Más recientemente, ha realizado El paciente inglés (1996), por la que ganó el Oscar de mejor actriz secundaria, y Chocolate (2000), por la que fue nominada al mismo premio pero como actriz protagonista.
Binoche afirma sobre su personaje de Adrienne: “Es una mujer rebelde, que quiere sacudirse su pasado, reinventarse a sí misma y deshacerse de los mandatos familiares. Es por eso que se ha alejado, instalándose del otro lado del Atlántico. La distancia le ha permitido darse una nueva vida, aunque sigue llena de contradicciones…”.
“A pesar de su turbulencia interior, Adrienne está cerca de su madre y conectada con sus hermanas. Sin embargo es justamente por esta cercanía que necesita afirmarse en sus diferencias. El hecho de ser más exitosa en su trabajo que en su vida es parte de lo que la separa, y lo que acrecienta su necesidad de distanciarse”.
“Cuando leí el guión, me gustó la idea de explorar las relaciones familiares y poner atención a la cuestión del legado ¿Qué es lo que heredamos? ¿A qué nos aferramos cuando se produce alguna separación final? ¿Qué es lo importante: la personalidad que heredamos, las cosas materiales, los lugares en los que crecimos, las relaciones familiares? Al final tuve la impresión de que Adrienne hereda el legado creativo de la familia (es una reconocida diseñadora). Al mismo tiempo, su difunta madre la deja en un abismo que la separa de sus hermanos”.
Charles Berling (Frédéric)
Este reconocido intérprete galo nació en Saint-Mandé, Val-de-Marne, el 30 de abril de 1958. Su padre era médico en Toulon y su madre, profesora de inglés.
A la edad de 15 años, empezó a hacer teatro con su hermano, en la escuela. Su interés en actuar creció gracias a su amor en la literatura de autores como Baudelaire y Céline. Ingresó al teatro profesional en Bruselas, Bélgica. Decidió que dedicaría su vida a la actuación. Vinieron obras como L ' école des femmes, de Molière; o Le parc, por Botho Strauss.
Luego, Jean-Louis Martinelli, director del Teatro Nacional de Estrasburgo, lo contrató, lo cual consolidó una vigorosa carrera teatral. A partir de 1982, también fue incluido en varias series televisivas, y todavía hoy sigue siendo apetecida figura de la pantalla chica.
Su carrera fílmica sólo empezó hasta los 90 con La sal en nuestra piel (1992) y Sólo amigos (1993). Se impulsó definitivamente en 1996, con la película Ridículo (1996), en el que interpreta a un noble tratando de sobrevivir en la Corte real de Luis XVI.
En seis oportunidades ha sido nominado al premio César (el Oscar de Francia): En 1995 por Petits arrangements avec les morts, en 1977 por Ridículo, en 1998 por Nettoyage à sec, en 1991 por L’ennui, y en 2001 por Los destinos sentimentales. En 1999 ganó el premio Étoil d’Or por Aquellos que me aman, tomarán el tren.
Otros de sus títulos son: Juego de Niños (2001), Demonlover (2002) y María Antonieta. Luego de Las horas del verano, Berling hizo la comedia francesa Par suite d'un arrêt de travail... y luego apareció en el thriller estadounidense Trader Games.
Acerca de su personaje en Las horas del verano, el actor cuenta: “Cuando leí el guión estaba haciendo ‘Calígula’ en teatro. Me sentí inmediatamente conmovido: la relación con el legado, con la cultura, y consecuentemente con la barbarie; son personajes éstos que remueven toda una historia cultural y artística. Es una película sobre la memoria, el lugar de la memoria de una generación a otra, sobre lo que le dejamos a los otros, y por ende sobre el lugar de Francia hoy”.
“Soy muy sensible al arte, a la escultura y la pintura. A menudo discuto con mi hijo, porque para los de su generación, parece lógico barrer con toda estructura de valores, rechazarlos, estar contra ellos. La película refleja todo eso de manera muy interesante”.
Jérémie Renier (Jérémie)
Actor belga nacido el 6 de enero de 1981 en Bruselas, hijo menor de una familia en la que ya había otro actor: Yannick Renier. El pequeño Jérémie se interesó muy temprano por el mundo del espectáculo, tomó cursos de teatro y mimo y estudió en la Escuela del Circo de Bruselas. Todavía siendo un niño trabajó en La Rétine de Plateau, una organización sin ánimo de lucro que fomentaba la producción y distribución de cortos. A los diez años, obtuvo un papel en la película belga Los siete pecados capitales e interpretó a Pinocho en el teatro Mons Royal.
Su gran oportunidad llegó cuando obtuvo el papel protagonista en la premiada La promesa, de Luc y Jean-Pierre Dardenne, que obtuvo el Premio a mejor película extranjera de la Asociación de Críticos de Cine de Los Ángeles y de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine.
Jéremie Renier volvió a trabajar con los hermanos Dardenne nueve años después en El niño, por la que ganó la Palma de Oro en Cannes 2005 y fue nominado a mejor actor en los Premios del Cine Europeo.
Otras películas de Jéremie Renier son: Amantes criminales, de François Ozon; El pacto de los lobos, de Christophe Gans; Violence des échanges en milieu tempéré, de Jean-Marc Montout, por la que fue nominado a un César; Propiedad privada, de Joachim Lafosse y, también para Focus Features, Expiación, de Joe Wright.
Luego de Las horas del verano y El silencio de Lorna (2008, también en el Catálogo de Séptimo Arte), Renier apareció en el drama romántico de fantasía The Vintner’s luck (2009), de Niki Caro, junto a la estrella francesa Gaspard Ulliel.
Participó en el drama de Dennis Dercourt, Demain dès l'aube (2009, aún sin estrenarse). Acaba de terminar la filmación de Une pièce montée (2009), dirigido por Denys Granier-Deferre.
Actualmente Jéremie Renier vive en París, Francia. Se refiere así a su personaje en Las horas del verano.
“Mi personaje es el más joven de la familia; y en algún sentido el que quiere probar que es un adulto. Dirige una compañía y tiene una familia; muchas responsabilidades. Como actor, trato de adaptarme para interpretar diferentes personajes, y transformarme. Intento ver cómo podrían desarrollarse mis personajes, que es lo que entiendo es el trabajo del actor: una investigación que además implica ponerse uno mismo en riesgo. La película de Olivier Assayas resonó en mí. Ya había transitado por la cuestión de la transmisión de la herencia en un documental que hice sobre mi abuelo, quien murió tiempo después. Me interesaba mucho explorar el tema intergeneracional. ‘Las horas del verano’ es una historia de vida con implicaciones universales”.
“Mientras filmábamos, hubo en el grupo una verdadera alquimia. Olivier es un director que pone especial atención a los actores. El lugar que éstos ocupan es para él lo más importante. Los pone en primer lugar, lo que hace que trabajar con él sea un gran placer. Nos da libertad para expresarnos y hacer sugerencias. Siempre está muy atento y permite a sus actores potenciarse entre sí.
“Oliver Assayas nos cuenta una pequeña historia, esta vez sin megacorporaciones o reflexiones radicales sobre el arte. Una historia cotidiana acerca de una familia acomodada y sus problemas con la herencia. El director demuestra todo su talento consiguiendo que los sucesos, que no son precisamente extremos, puedan llegar a emocionar al espectador, con momentos como el del protagonista sentado de espaldas en la cama negando su llanto”.
“Y esto lo consigue gracias a un tono hiperrealista, en el que cada pequeño detalle cuenta para construir una historia verdadera que podamos reconocer -por mucho que el estilo de vida de esta familia nos pueda quedar algo lejos- y por lo tanto sentir en toda su intensidad. Mientras otras películas tratan temas muy crudos pero son incapaces de conseguir que el espectador entre en ellos, Assayas lo logra gracias a su fina sensibilidad y a su meticulosidad a la hora de escribir el guión, sin necesidad de hablar de grandes desgracias”. Fotogramas.
“¿Cómo analizar un largometraje de una sencillez abrumadora, pero cuyas cargas de profundidad son de tal calado que ofrecen una radiografía del estado anímico de un país, de un continente casi, sin el menor divismo ni deseo de epatar al espectador? (…) Pero hay mucho más detrás de las imágenes, los diálogos, las secuencias y los personajes de Las horas del verano, uno de los filmes europeos más importantes estrenados en varios años. Pues su relato es la crónica de un país, Francia, que se hunde moralmente, y de un continente, Europa, que ha perdido sus señas de identidad y se adentra, titubeante, en el nuevo siglo sin la coherencia y la energía que ha desaprovechado durante el siglo XX. Su pasado, su herencia, sus valores, han desaparecido, y ahora les toca a los jóvenes recoger este funesto presente y contruir un futuro lleno de vida. Nada menos que esto se haya agazapado, sutil, pero contundente, bajo esta historia de tres hermanos que han de administrar la herencia de una madre mucho más visionaria y consciente de su tiempo que ellos”. La Butaca.
“Propone una exquisita y profunda reflexión sobre el pasado que muere y los tiempos modernos dominados por la globalización, sobre el sentido del arte, sobre la familia y la decadencia de la burguesía francesa, sobre las fuertes contradicciones generacionales y sobre la culpa. La forma en que tres hijos se dividen el valioso patrimonio de su madre es el eje de un filme bello, inteligente e inquietante que permitirá múltiples lecturas y abordajes que exceden el campo del cine”. Diego Batle, Otros Cines.
“Assayas elabora una mezcla casi perfecta de humor y angustia, un trabajo magistral y lírico que mide la pérdida en términos prácticos y de evanescencia (...) A muchos films se les define como cautivadores; 'Las horas de verano' realmente lo es”. Peter Travers: Rolling Stone.
“Excelente (...) película de apariencia sencilla y complejo entramado, de exposición sutil y discurso desesperanzador. Una obra mayor (...) Abierta a mil interpretaciones”. Javier Ocaña: Diario El País.
“Bellísima película (...) unos personajes servidos magníficamente por un reparto de primer orden (...) Una obra bella, lúcida y dulcemente melancólica, que invita a ser apreciada desde diversos puntos de vista. De lo mejor de Assayas”. Fernando López, La Nación.
“Con estupendas actuaciones y una realización impecable, es una pequeña obra con un enorme contenido”. Amadeo Lukas, Veintitrés.
“Goce cinematográfico que emociona y conmueve”. Miguel Frías, El Clarín.
“El mejor cine francés, con extrema sensibilidad”. Jorge Carnevale, Noticias Hoy.
“Una obra madura, diáfana, profunda de un Assayas iluminado”. Marcelo Zapata, Ámbito.
“Excepcional. Un filme imprescindible”. Isabel Croce, La Prensa.
“Una notable reflexión sobre el paso del tiempo”. Diego Brodersen, Página 12.
Sitio oficial, en L’heure d’été. Sitio oficial de la distribuidora, en Cineplex. Para ver el trailer, en You Tube. Para ver el trailer doblado al español, en Pocholos. Película luminosa en la que cada uno puede encontrar el eco de su propia experiencia familiar”. Aníbal Perotti, en Cinemarama. Entrevista con Olivier Assayas, en La Higuera. Los actores hablan sobre sus personajes, en La Higuera. “Una pequeña joya a descubrir”, en Rqmana. Ácido retrato hiperrealista (ojo: post-crítica), en Precríticas. En busca del cine perdido, en Contrapicado. “Más allá de ser un bonito retrato”, en Blog de cine. Una reflexión sobre la historia y los destinos del cine, en Cineismo.
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