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Te Doy Mis Ojos Imprimir E-Mail
25 de agosto de 2008

Una pareja y un pacto en sus orígenes: ella le regala su nariz, sus orejas y finalmente sus ojos; él sus manos. Cuerpos sin marco, degradados a trozos ofrecidos al goce. Pilar, Antonio, dos historias. Mil historias. TE DOY MIS OJOS (2003) no es una película más sobre la violencia en una pareja. Hay un marcado esfuerzo por situar, desde la posición de ambos, las coordenadas subjetivas que hacen surgir una escena violenta. Hay generaciones, contexto, un pasado que los determina y los coagula en las encrucijadas de un Otro que los habla. Estreno en Cali, con el apoyo de Séptimo Arte: Viernes 29 de agosto, en Centenario y Jardín Plaza (de Royal Films), y Unicali (Cine Colombia). Premiere Selecta el sábado 30.

TE DOY MIS OJOS


Título original: Te Doy Mis Ojos.
Directora: Icíar Bollaín.
Drama psicológico, romance, 15 años, España, 2003, 109 min.
Intérpretes: Laia Marull (Pilar), Luis Tosar (Antonio), Candela Peña (Ana), Rosa María Sardà (Aurora), Kity Manver (Rosa), Sergi Calleja (Terapeuta), Dave Mooney (John), Nicolás Fernández Luna (Juan), Elisabet Gelabert (Lola), Chus Gutiérrez (Raquel), Elena Irureta (Carmen).
Productores: Santiago García de Leániz, Enrique González Macho. Guión: Icíar Bollaín y Alicia Luna. Producción ejecutiva: Santiago García de Leániz. Música: Alberto Iglesias. Cinematografía: Carles Gusi. Edición: Ángel Hernández Zoido. Dirección artística y diseño de producción: Víctor Morelo. Vestuario: Estíbaliz Markiegi.

Una noche de invierno, Pilar sale huyendo de su casa, situada en un barrio periférico y residencial de Toledo. Lleva consigo apenas cuatro cosas y a su hijo de ocho años, Juan. En su huída busca refugio en casa de su hermana, una restauradora de arte que lleva una vida independiente al lado de su pareja escocesa, ambos residen en la parte vieja e histórica de Toledo.

Pilar es una víctima más de los malos tratos conyugales, que intenta rehacer su vida y empieza a trabajar como cajera de visitas turísticas en la iglesia que alberga El Entierro del Conde Orgaz; a través de su nuevo trabajo comienza a relacionarse con otras mujeres.

Antonio, su marido, no tarda en ir a buscarla. Pilar es su sol, dice, y además, “le ha dado sus ojos”... Promete cambiar y busca ayuda en un psicólogo. A lo largo de la película, los personajes irán reescribiendo ese libro de familia en el que está escrito quién es quién y qué se espera que haga pero en el que todos los conceptos están equivocados y donde dice hogar se lee infierno, donde dice amor hay dolor y quien promete protección produce terror.



Dirige Icíar Bollaín (1967) y es su tercer trabajo, tras Hola, ¿Estás Sola? (1995) y Flores de Otro Mundo (1999). Como actriz ha intervenido en más de quince películas desde El Sur (1983) hasta las más recientes La Balsa de Piedra o Leo.

Está protagonizada por Laia Marull (El Viaje de Arian, No Llores Germaine, Fugitivas, Mensaka, La Sombra de Caín, Lisboa); y Luis Tosar (El Regalo de Silvia, El Lápiz del Carpintero, Trece Campanadas, Lena, Flores de Otro Mundo, Leo, Celos). Ambos consiguieron sendas Conchas de Plata a la mejor interpretación en el Festival de Cine de San Sebastián 2003 por Te doy Mis Ojos.

Les acompañan en el reparto Candela Peña (Descongélate, Torremolinos 73, No Somos Nadie, Sin Vergüenza, Novios, Todo Sobre mi Madre), Rosa María Sardá (Dos Tipos Duros, El Embrujo de Shanghai, A mi Madre le gustan las Mujeres) y Kiti Manver (La Luz Prodigiosa, El Caballero Don Quijote, Tangos robados, Noche de Reyes, La Cmunidad, Jara, A Galope Tendido).

El guión está escrito por la propia directora en colaboración con Alicia Luna (Pídele Cuentas al Rey).

El director de cinematografía es Carles Gusi (La Vida Mancha, El Robo Más Grande Jamás Contado, La Caja 507, Monos como Becky, Poniente, Lena, Kasbah, El Corazón del Guerrero, Torrente, el Brazo Tonto de la Ley); y la banda sonora está compuesta por Alberto Iglesias (Comandante, Pasos de Baile, Hable con Ella, Lucía y el Sexo, Todo sobre mi Madre, Los Amantes del Círculo Polar).

Consiguió nueve candidaturas a los premios Goya 2003, las correspondientes a mejor actriz revelación (Elisabet Gelabert), dirección, guión original, interpretación femenina de reparto (Candela Peña), interpretación femenina protagonista (Laia Marull), interpretación masculina protagonista (Luis Tosar), montaje, película y sonido.

De las 9 candidaturas obtuvo siete premios Goya, incluyendo mejor película, director, actor, actriz y guión.

En el Festival de Cartagena del 2005 ganó el premio a mejor actor.

Una película imprescindible, por David Garrido
(La Butaca)


En ocasiones hay películas cuyo valor objetivo va mucho más allá de la brillantez de su puesta en escena o de un envoltorio formal más o menos cuidado y reside en la importancia de la temática que trata o en la valentía de atreverse a mirar desde ángulos insospechados las muchas miserias que se esconden en nuestra vida cotidiana. En el cine español tenemos unos cuantos ejemplos recientes (Solas de Benito Zambrano o Los Lunes al Sol de Fernando León de Aranoa), de películas que extraen de la realidad del día a día y de la atención al pequeño detalle una actitud vital y un fuerte compromiso moral que no aboga tanto por los grandes e inalcanzables ideales como por poner la cámara bien asentada en la tierra y, con humildad, retratar certeramente la dificultad del vivir diario.

La corta filmografía de Icíar Bollaín se inscribe plenamente en esa tendencia (Hola, ¿Estás Sola? era un retrato del desarraigo juvenil; y Flores de Otro Mundo una cruda advertencia sobre la inmigración), y con ésta, Te Doy Mis Ojos da un paso adelante al afrontar un tema tan espinoso y sobrecogedor, tan de actualidad (aunque no nos engañemos, el problema viene de siempre), como es el de la violencia de género.

Ya en el año 2000, Bollaín había realizado un corto, Amores Que Matan, también protagoni-zado por Luis Tosar, en el que demostraba su inteligencia al abordar esta cuestión desde el punto de vista más arriesgado y, sin duda, difícil: el de intentar averiguar qué pasa por la mente de aquel que maltrata; conseguir comprender, que no justificar, lo que hace que un hombre sea capaz de machacar a su pareja.

Te Doy mis Ojos se sitúa desde un primer momento en el punto de más difícil equilibrio y es muy de agradecer la seriedad y la absoluta falta de maniqueísmo con la que Icíar y su co-guionista Alicia Luna afrontan la historia que tienen entre manos, pues ahí es nada obligar al espectador a que huya de la salida tan inevitablemente fácil que supone en estos casos solidarizarse plenamente con la víctima y olvidarse de cualquier otra consideración, que al fin y al cabo es lo que usted, yo o cualquiera haría en una situación que ni pode-mos ni queremos comprender.

Bollaín nos obliga con su película a hacer un mayor esfuerzo intelectual, a pensar, a entender no sólo las razones por las que una mujer es capaz de atravesar todo un infierno con la esperanza de volver a ver en el marido que ahora la maltrata al hombre de quien se enamoró y al que aún ama, sino también todo aquello que provoca en un hombre enamorado de su pareja esa injustificable agresión.

Te Doy Mis Ojos se revela como una película que provoca un alto grado de incomodidad en el espectador, posiblemente porque Bollaín es perfectamente consciente de que no necesita mostrar la violencia en sí y ni mucho menos recrearse morbosamente en ella, sino que le basta con mostrar sus consecuencias y dejar que el espectador ate los cabos por sí mismo con la información que todos disponemos sobre este tema. Así, cuando asistimos en la primera secuencia a la desesperada huída del domicilio familiar de una despavorida Pilar (Laia Marull, impresionante tanto por su variedad de registros como por la intensidad emocional con la que dota a su personaje) y su hijo, con el estupendo recurso de guión de la desoladora frase, “¡Que me he venido en zapatillas!”, mientras rompe a llorar en brazos de su hermana, intuimos a la perfección el infierno del que viene huyendo sin necesidad de visualizarlo.

La primera aparición de Antonio (un no menos magnífico Luis Tosar, capaz de dotar de humanidad y complejidad a un personaje tan a priori despreciable) nos confirma plenamente el territorio en el que nos estamos moviendo. Es impresionante la secuencia de la conversación a través de la puerta, en la que quedan claras varias cosas y establece el tono de la película: primero, el amor que ambos sienten el uno por el otro; segundo, la lucha interior de Pilar, incapaz de vencer el profundo miedo que le inspira el hombre que quiere, pese a que todo su ser quiere creer sus buenas palabras; tercero, los esfuerzos de Antonio por controlar su ira, el abismo al que se aboca cuando ve que se hace realidad lo que más teme, que no es otra cosa que la mujer que ama le abandone y el ser incapaz de no recurrir a la violencia cuando ve que todo escapa a su control.

Con estos mimbres, Bollaín construye una película compleja que ahonda en lo que en el fondo es una historia de amor. Terrible, por supuesto, pero historia de amor al fin y al cabo, donde ambos personajes luchan consigo mismos para recuperar esos breves instantes de felicidad que les llevaron a ser una pareja. La cámara sobria de Bollaín sigue a los dos y a aquellos que les rodean en su peripecia vital púdicamente, siempre desde el respeto y desde la necesidad continua de comprender.

Así, acompañamos a Antonio en su paso por un grupo de terapia masculina que le ayude a controlar su ira y, lo más importante, a comprender por qué hace lo que hace. Resulta interesante comprobar cómo, con gran inteligencia, Bollaín introduce en esas sesiones algunas situaciones que mueven a la sonrisa cómplice por la manera en que los hombres se enfrentan a sus relaciones con la mujeres; sonrisa que se congela en el mismo instante en que uno cae en la cuenta de que esa ignorancia, aparentemente divertida, no es sino otro síntoma del problema.

Pero lo más importante es que Antonio toma conciencia durante estas sesiones de quién es en realidad, de que en el fondo no es nadie y de que, en este caso, la violencia no tiene como objetivo ejercer un poder absoluto, sino que es más producto de la impotencia que le produce su propia anodina existencia.

Por su parte, la visión del personaje de Pilar no es tan positiva como podría pensarse, a pesar de que cuenta de antemano con la adhesión incondicional del espectador. La película incide muy particularmente en esa idealizada idea de lo amoroso que engaña a muchas de las víctimas de los malos tratos y que llevan una y otra vez a las víctimas de las mismas a volver con sus parejas maltratadoras.

Es encomiable la manera en que Bollaín filma la progresiva toma de conciencia de sí misma de Pilar, que se redescubre a través de su trabajo (hermosa secuencia aquella en la que explica un cuadro a un grupo de turistas mientras Antonio la observa, fascinado, oculto entre ellos, revelando tanto al espectador como al propio Antonio su nueva faceta) a la vez que se reafirma ante esa hermana que es incapaz de ayudarla porque no ve los matices que separan el blanco del negro (una excelente Candela Peña que nos representa un poco a todos los que vemos este problema “desde fuera”, sin intentar comprenderlo) y una madre consentidora y preocupada por las apariencias (una Rosa María Sardá que interpreta al único personaje algo tópico en una galería de caracteres complejísimos).

En cierto modo, y eso lo comprende mucho antes Antonio que la propia Pilar, la toma de conciencia de sí misma y su consecuente capacidad de ser libre es lo que provoca la impotencia de Antonio, que sólo puede recurrir a la fuerza para intentar retenerla, antes de que, como él teme constantemente, encuentre a alguien mejor y le abandone.
La violencia doméstica que Bollaín retrata en Te Doy Mis ojos es siempre mucho más sugerida que vista, pero está tratada con tal contundencia que convierte la experiencia de ver la película en algo realmente incómodo y difícil de soportar.

No hay sangre, no hay golpes, pero sí hay una destrucción sistemática del yo interior de Pilar (fantástica secuencia aquella en la que ésta acude a denunciar a Antonio a la policía y éste sólo sabe preguntar donde están los daños físicos que ella pretende denunciar, mientras Pilar no consigue hacerle comprender que la ha “roto por dentro”, mucho más profundamente que cualquier herida física), que alcanza su culmen en una sobrecogedora secuencia, la brutal escena del balcón en la que la violencia alcanza su grado máximo, la repugnancia moral del acto provoca que apenas pueda uno mantenerse en la butaca y el gesto angustiado, desesperado de una Laia Marull impresionante provoca todo tipo de sensaciones en el espectador.

Te Doy Mis Ojos es pues una película imprescindible, de visionado obligado para cualquier persona con un mínimo de sensatez y conciencia social, desprovista de todo maniqueísmo. Un atroz y certero diagnóstico expuesto con atención al detalle, con madurez creativa y que se sustenta en un guión excelente y unas interpretaciones magníficas y sobrecogedoras.

Afronta con valentía un problema delicado no desde la abstracción o la generalización, sino desde la fuerza de la exposición de un caso concreto, que narra con sus contradicciones y sus incoherencias sin caer en ningún momento en la más mínima ambigüedad moral. Es cine que consigue el milagro de mostrar la vida con todo lo que conlleva: hay momentos para emocionarse, llorar e incluso sonreír y dejarse llevar por los breves instantes de felicidad de esa pareja; cine en el que uno no ve personajes, sino personas reales, cercanas, a las que puede comprender aún dentro de su monstruosidad. Toda una lección de vida que no podemos ni debemos olvidar, pues la ignorancia o la falta de comprensión de estos hechos ayudan no poco a que se perpetúen. Y ante esa posibilidad, todos debemos estar más que atentos.



Icíar Bollaín Pérez-Mínguez (Madrid, 12 de junio de 1967), es una directora y actriz española. Hija de un ingeniero aeronaútico y una profesora de música, debutó como actriz a los 15 años.

Fue elegida Mejor Actriz Española de 1992 por la revista Cartelera Turia y recibió el Premio Ojo Crítico II Milenio de Radio Nacional de España en 1993. También recibió el premio Ciudad de Cuenca a su trayectoria en el II Festival de Cine Mujeres en Dirección de la capital conquense. Es miembro de la Academia Española de Cinematografía.

"Después de Flores de Otro Mundo quería hacer una película más concentrada, menos coral, y quizá por ello más descarnada e intensa. Y hacía tiempo que la coguionista Alicia Luna y yo le dábamos vueltas al tema de la violencia en la pareja y veíamos que aunque es una constante en los medios de comunicación había muchas preguntas que no sabíamos contestar.

¿Por qué una mujer aguanta una media de diez años junto a un hombre que la machaca? ¿Por qué no se va? ¿Por qué no sólo no se va sino que incluso algunas aseguran seguir enamoradas? Las razones de dependencia económica no explican el hecho de que una de cada cuatro mujeres en Europa y Estados Unidos aseguren haber vivido una relación de violencia en su vida.

Según fuimos documentándonos descubrimos que una de las razones primordiales era que siguen en la esperanza de que el hombre cambie. Así, nuestro personaje es una mujer que sigue esperando cada día que entre por la puerta el hombre del que se enamoró... Pero ¿quién es ese hombre? ¿Por qué no existe apenas un perfil del maltratador? ¿Y por qué estos hombres maltratan durante años a quien dicen querer con toda su alma?

Hay hombres violentos físicamente, hay otros que son violentos también psicológicamente y probablemente son los que más daño hacen. Los hay verdaderamente crueles y los hay que son también víctimas de sí mismos, que no saben solucionar sus conflictos si no es mediante la violencia, que necesitan tener a la persona que quieren controlada, que tienen mucho miedo... y ése es el hombre de nuestra película, alguien que tiene
posibilidades de verse a sí mismo y cambiar.

Te doy Mis Ojos cuenta la historia de Pilar y Antonio pero también de quienes les rodean, una madre que consiente, una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade con su esplendor artístico y su peso histórico y religioso una dimensión más a esta historia de amor, de miedo, de control y de poder.



"El mundo recreado por Bollaín bulle ante nuestros ojos, evoluciona y respira. Resulta creíble, emociona. Es vida filmada. Un auténtico milagro fílmico, de los que no abundan hoy día. Mientras uno contempla el filme (y aquí hago crónica totalmente subjetiva, como siempre), nunca imagina que esos personajes no existan de verdad, que sean meras ficciones puestas en pie por actores profesionales. Uno no ve personajes sino que ve personas, semejantes, con sus buenos momentos y también con sus miserias. El amor por lo humano es algo inherente a Bollaín y hace que su cine trascienda y conmueva hasta la lágrima. Al final de la proyección, este humilde cronista escuchó uno de los silencios más profundos que recuerda jamás a la salida de un cine. Te doy Mis Ojos, en efecto, no es un filme cómodo de seguir.. Pero eso es lo bueno, eso es lo valiente. Para salvamentos y demás recursos tranquilizadores de última hora ya están otros, así que agradezcámosle a esta gran cineasta que ya es Icíar Bollaíin tamaña inyección de sinceridad en nuestras, por lo general, anquilosadas pantallas de cine". Críticas de Cine.

"La película más estremecedora que he visto sobre el maltrato doméstico". Carlos Boyero: Diario El Mundo.

"Sobrecogedora y necesaria". M. Torreiro: Diario El País.

"Tan necesaria como buena, tan triste como real, tan terrible como la vida de algunas mujeres". Javier Ocaña: Cinemanía.



Ver el trailer, en You Tube.
Cómo se hizo, en La Butaca.
Las formas que adopta el maltrato, en Edualter.
No es una película más sobre la violencia en pareja, en El Sigma.
¿Qué música debe acompañar a una película de este tipo?, en Bsospirit.
Impacta, desde el principio, en Ocio Joven.

El cine como acercamiento a los problemas sociales, en Mepsyd, España.
Amor a palos, en De Cine 21.
Inyección de sinceridad, en Críticas.

 
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