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Yo soy Otro Imprimir E-Mail
20 de julio de 2008

YO SOY OTRO (2008), es el estreno caleño del 25 de julio en Colombia, que le apuesta a una fórmula riesgosa e inusitada: la visión del conflicto colombiano a través de una catarsis de fantasía. Es evidente que se trata de un filme complejo y de difícil lectura. Pero también resulta claro que su intención lidera una posición fílmica totalmente revolucionaria en nuestro país. “Sabemos que otro cine tiene mayor expectativa comercial, pero de todas maneras queremos aportar un cine más pensante. Vale la pena hacerlo”, explica el veterano documentalista Oscar Campo, quien debuta en el largometraje narrativo con este filme.

Título original: Yo soy Otro.
Drama, cine fantástico, surrealismo, suspenso, 12 años, Colombia, 2008, 80 min.
Director y guionista: Oscar Campo.
Productora ejecutiva: Alina Hleap.
Intérpretes: Héctor Fabio García, Pecas (José González, Redondo, Grace, Bizarro), Jenny Nava (Esther), Patricia Castañeda (Alejandra), Ramsés Ramos (Alberto), Miguel Ángel Giraldo (Doble), Carlos Ronderos (Jefe), Gabriel Uribe (Médico), Fernando Córdoba (El Profe), Vanesa (Karla), Diego Villegas (Ernesto), Catalina Lago (Esposa Ernesto).
Cinematografía: Juan Cristóbal Cobo. Cámara: Oscar Bernal. Jefe de Producción: Maritza Rincón. Diseño de Producción: Jorge Reyes. Dirección de Arte: Claudia Victoria. Ambientación y Escenografía: Guillermo Peña. Vestuario: Harold Guerra. Maquillaje: John Payán. Caracterización: Claudia Victoria, John Ordóñez. Dummies: Guillermo Peña. Efectos especiales: Miguel Ángel Guzmán. Sonido: Isabel Torres, César Salazar. Edición: Mauricio Vergara. Postproducción: Efe-X. Música original: Alejandro Ramírez, Juan Pablo Carrascal (La Fábrica).

¿Cómo sabemos quiénes somos?
A diario despertamos pensando que somos la misma persona que se acostó a soñar.
Que vivimos una historia coherente que es propia.
La pregunta sobre quiénes somos realmente, ocurre cuando algo no funciona, cuando algo falla y se produce un milagro a partir de ese error. Es un momento de locura en el que nos damos cuenta de que ya no somos nosotros mismos.

Cali, Colombia, 2002. De día, José González trabaja como ingeniero de sistemas. A veces se acuesta con la esposa de su jefe, incluso en el baño de la empresa; y últimamente anda enredado con Ester, una compañera de trabajo. De noche, se dedica a una turbulenta vida nocturna. Cantidades eternas de licor, drogas de muchos colores, sexo de alta intensidad, incluso con travestis callejeras.

El alegre carnaval se estrella una mañana cuando descubre unas ronchas en el ombligo. Pronto aparecen en sus manos, y en el pecho. Alberto, un compañero de trabajo a quien encuentra en el baño vomitando, le dice que no es el único. Él también está contagiado de ‘litomiasis’, una extraño virus que viene de la selva y destruye los tejidos del cuerpo de forma inevitable y asquerosa.

José no vislumbra entonces otro camino que el suicidio. Cuando está a punto de pegarse un tiro en la boca, una terrible explosión ocurre en la vecindad. Aturdido por el impacto sale a averiguar lo sucedido. Una bomba terrorista ha dejado una estela de muertos y heridos.

Sin embargo, lo más desconcertante para José será encontrar entre las víctimas, a un hombre que llora la muerte de su esposa e hija. Parece calcado de su retrato. Ni más ni menos que su doble.

A partir de allí, José se va a seguir topando con varios dobles suyos. Cada uno tiene su propia personalidad y pertenece a un bando diferente. Como si la enfermedad hubiera desencadenado la aparición de todos sus alter-egos. Como si las ronchas de su cuerpo se manifestaran con todas sus actitudes, cada una con vida propia.

Yo soy Otro es el primer largometraje narrativo del documentalista vallecaucano Oscar Campo (Rostros y Rastros). Es evidente que se trata de un filme complejo y de difícil lectura. Pero también resulta claro que su intención lidera una posición fílmica totalmente revolucionaria en nuestro país. “Sabemos que otro cine tiene mayor expectativa comercial, pero de todas maneras queremos aportar un cine más pensante. Vale la pena hacerlo”, explicó Campo en diálogo con Séptimo Arte.

Yo soy Otro se exhibió a la prensa de Bogotá en días pasados. El concepto general fue de aceptación, y se consideró evidente el mensaje sociológico del filme. Todos tenemos que ver en el conflicto de violencia que vive Colombia. El cineasta lo resumió así: “Cada vez que nos levantamos tenemos la guerra por dentro, desde uno u otro ángulo. A veces somos una cosa, a veces somos otra. Estamos enloquecidos por eso. Todos los días aparece un libreto nuevo, y eso nos está enfermando. La película es un alegato contra una guerra cruel”.

Ante la inquietud de la carrera comercial de la película en cartelera, gran dilema para la distribuidora Babilla Ciné y los exhibidores, Oscar Campo fue enfático: “Me interesaba mucho como experimento. En estos momentos de oscuridad, se necesita hablar de una manera distinta a la recreación de anécdotas históricas… con mayor complejidad. He apelado a unas estrategias como el surrealismo y el expresionismo, al cine de los años 30, pero también es una versión postmodernista. No sé que pueda pasar con un público más amplio, sólo ofrecemos un cine más pensante”.

Yo soy Otro se estrena con 25 copias, el viernes 25 de julio, en las principales ciudades del país.

En Cali, la función de prensa e invitados de Séptimo Arte se realizará el sábado 26 de julio en el Multiplex Unicali, a las 10:30 a.m., con la presencia del director, la productora Alina Hleap, el director de cinematografía Juan Cristóbal Cobo, y los actores protagónicos: Héctor Fabio García y Jenny Nava. Preliminarmente, el miércoles 23 habrá una muestra de medios y entrevistas con el director Campo y la productora ejecutiva, Alina Hleap, a las 10:30 a.m. en el Multicine Jardín Plaza de Royal Films.

La Expresión de Oscar Campo

Oscar Campo es profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle, en el área audiovisual, de la que han salido jóvenes talentos como Carlos Moreno (Perro come Perro), Carlos Fernández (Colombianos, Cuarenta), y Jorge Navas (Alguien Mató Algo). Es gestor y coordinador del programa documental Rostros y Rastros de Telepacífico, de Vidas Cruzadas y En movimiento de Señal Colombia, espacios televisivos de la Universidad del Valle.

Es uno de los documentalistas más reconocidos del país, con trabajos como Un Ángel Subterráneo, ganador del primer premio Festival del Cine Latinoamericano de La Habana; El Proyecto del Diablo, Tiempo de Miedo; Noticias de Guerra, ganador del Premio Planeta; Fernell Franco: Escritura de Luces y Sombras, ganador del premio Una Ciudad que Sueña, de la Cinemateca Distrital; Recuerdos de Sangre, premio India Catalina a mejor documental; e Informe sobre un mundo ciego. También realizó el cortometraje Valeria, premio del Salón Internacional de Cine de Bogotá.

La temática del doble ha inspirado una mitología y un género fantástico: desde el Dr. Jeckyll and Mr Hyde, de Robert Louis Stevenson; y El Otro, de Borges, en la literatura, hasta más de una veintena de versiones fílmicas como El Hombre y el Monstruo, de Mamoulian; El Testamento del Dr. Cordelier, de Rendir; El Doctor Chiflado, de Jerry Lewis; y Pacto de Sangre, de David Cronenberg.

La figura ha servido para representar la encarnación de las pulsiones más primitivas y destructivas del ser humano. En ocasiones ha tomado fuentes tan antiguas como los cuentos de sombras, en los que la sombra es la encarnación pura de lo diabólico.

En las versiones modernas, la del doble ya no es una voz atávica, identificable con el demonio, sino la encarnación de algo muy concreto, de las pulsiones más primitivas y malévolas del ser humano, que pulverizan todas las pulsiones morales y sociales.

La intención de Yo soy Otro es retomar el doble como coartada para hablar de la Colombia actual, como un cuerpo social poseído por fuerzas oscuras que él mismo ha creado: la neurosis cotidiana, la locura homicida, la atrocidad en estado puro.
Pero también para plantear una serie de inquietudes sobre esta época de la globalización de la economía y la cultura, en la que sucumben identidades nacionales y locales.

Yo soy Otro es una farsa del inconsciente, una mezcla de comedia negra, de thriller y de historia fantástica. Pero es también un alegato por la democracia, en contra de la guerra y de la militarización de la sociedad.

A caballo de la temática del doble, se pretende trabajar otra ya esbozada en las películas sobre clones y replicantes: la del múltiple. El hombre de finales del siglo XXI, a la par que hace uso de sistemas de duplicación múltiple, como el computador, el xerox, el fax, el satélite, las pantallas televisivas, asiste al proceso de desintegración del yo, de su estallido en mil fragmentos, de egos miniaturizados -como diria Baudrillard-, absolutamente semejantes entre sí, que se desmultiplican embrionariamente como en un cultivo biológico.

Sujeto fraccionado que sueña con parecerse a cada una de sus fracciones, de parecerse únicamente a sí mismo, encontrarse en todas partes, desmultiplicado, pero fiel a su propia fórmula.

Yo soy Otro tiene algunos ingredientes ya clásicos: una investigación, la pérdida de sus móviles, el sino negro y perverso de las heroínas, la muerte atroz. ¿Cómo no escribir un thriller en la Colombia de hoy, en donde la vida colectiva se ha convertido en una amarga sucesión de escenas cargadas de un tinte negro y brutal?

Pero los signos míticos de género no funcionan estrictamente: la psicología de los personajes es nula, e incluso su capacidad metafórica queda reducida al mínimo, como su condición de puros símbolos, de monigotes que se enfrentan a los acontecimientos sin coartadas morales de ningún tipo.

La escritura del guión de Yo soy Otro y su realización fue difícil, tanto por los esfuerzos en producción como por la lucha en el terreno estético por encontrar un tono de ficción a una serie de preguntas y razonamientos que se plantean hoy fundamentalmente desde la filosofía, los estudios políticos y las ciencias sociales.

Preguntas que tienen que ver con el inconsciente político y las nuevas conformaciones de la subjetividad en un mundo globalizado, en el que el sistema capitalista triunfante parece un espacio ilimitado, sin alternativas.

Un mundo en que todas las singularidades (las especies, los individuos, las culturas) han pagado con su muerte la instalación de una circulación mundial. Un mundo al que se respondía en los años noventa con el sueño feliz del multiculturalismo, con la aceptación políticamente correcta de “lo otro”: negro, gay, mestizo, en el espacio no cuestionado de un capitalismo que había vencido como proyecto histórico y que se preparaba para una paz de quinientos años como un orden universal imperial sin fronteras ni límites.

Un mundo y un sueño que aparecen menos probables hoy, después del once de Septiembre, cuando vemos multiplicarse las fisuras y, tras la ola de intoxicación moral y política que se desprendió, aparecieron, con la guerra contra el terrorismo, una serie de clones de subjetividades políticas que se creían sepultados tras la segunda guerra mundial y el derrumbe del muro de Berlín.

En el inconsciente político del hombre de comienzos del siglo XXI flotan los espectros del fascismo y el comunismo, al que han venido a sumarse el islamismo y los delirios de toda clase de cruzados. Esas fuerzas que creíamos sepultadas están también en el corazón mismo de lo mundial, en todas las convulsiones actuales.

El terrorismo, como los virus, brota en todas partes, como una respuesta al poder concentrado del capital, como una enfermedad incurable que se propaga vorazmente en respuesta a los excesos de tanto poder concentrado.

Como diría Baudrillard, vivimos una “guerra fractal de todas las células, de todas las singularidades que se rebelan en forma de anticuerpos, porque es el mundo mismo el que se resiste a la mundialización”. Porque es ésta la que ha fomentado toda esa violencia en virtud de su poder insoportable y por lo tanto, toda esa imaginación terrorista que, sin saberlo, nos habita a todos.

El terrorismo aflora como posibilidad en la conciencia de cada uno de nosotros, ya que nadie pude no soñar con la destrucción de ese poder, haciéndonos sus cómplices; pero es también una potencia que es repelida a la vez por lo inaceptable desde la conciencia moral. Conflicto universal que se instala en la mente de cada uno de los que habitamos esta superpotencia en convulsiones.

Mi deseo era hablar de esos grandes cambios en el contexto de una ciudad periférica del imperio, de una ciudad ubicada en el eslabón más débil de la cadena, en un país que se deshace, cuyo Estado ha estallado y en cada uno de sus fragmentos podemos encontrar un clon de los conflictos que han motivado su estallido. Un país en el que se inició hace cuarenta años una guerra campesina y tiene hoy un conflicto extendido que lo configura como una guerra civil al interior del imperio.

Y he escogido contar una ficción como vehículo para hablar de estas inquietudes. Durante veinte años he realizado documentales en los que he querido argumentar, a manera de ensayos audiovisuales, una serie de reflexiones que tienen que ver con mi entorno pero en el contexto más amplio de los cambios sucedidos en un orden global durante las dos últimas décadas.

Esta vez la apuesta fue por contar un relato que utilizara los elementos estéticos de las narraciones actuales con mayor visibilidad en la cultura del espectáculo, de mayor potencial comunicativo, caracterizado por estructuras convencionales de narración con una estética visual en la que predomina el fragmento. Relato centrado en un personaje, José, cuya conciencia está estallada, pues en su cabeza anidan otras cabezas que luchan por tener la hegemonía de los pensamientos y las acciones. El personaje de esta ficción es un yo vacío, pero cargado de yoes que están en conflictos éticos y políticos.

El cuerpo del relato visual está atravesado permanentemente por clips que producen cortocircuitos en la narración, que son como una maleza, como un virus que invade el curso normal de la historia. Algunos obedecen a la figura metafórica de la repetición- variación propia de la música de un mundo electrónico. Pero también hay otras figuras metafóricas que muestran ese mundo invadido por unos virus que se filtran por los intersticios de ese universo mental e histórico en descomposición.

De Sandro Romero*, en El Tiempo

Una enfermedad tropical no identificada. Cali se convierte en una ciudad de pesadilla. Los habitantes que allí viven se transforman en habitantes siniestros. Un hombre, víctima del horror cotidiano, comienza a desdoblarse, a verse reflejado, de manera descompuesta, en los demás seres que lo rodean.

La violencia se convierte en un virus terminal que ataca a los hombres y los convierte en caricaturas deformes. Yo soy Otro se sumerge en este viaje sin regreso. Es la película de un autor. Es una película de género (fantástica, de horror, como se quiera), pero, al mismo tiempo, es una película profundamente colombiana. Por estos días, es frecuente el debate acerca de si es "ético" el hecho de que el cine y la televisión se nutran de nuestras violencias cotidianas como punto de partida para estructurar sus historias. Yo no estoy en contra.

El problema es cómo se muestra esa violencia. Pienso que nos estamos saturando, no del tema, sino de la manera (realista, obvia, anecdótica, costumbrista, oportunista) como se cuentan los temas de nuestros nuevos mitos sociales. Yo soy Otro es una película sobre la violencia en Colombia, pero contada desde la perspectiva de sus consecuencias interiores, individuales. El horror es un telón de fondo. No es una película complaciente. Es una película perturbadora y, al mismo tiempo, hermosa, de gran fascinación visual, intensa y positivamente incómoda. Llena de referencias a grandes clásicos del género, Yo soy Otro le rinde sendos homenajes a directores como David Cronenberg (Parásitos Asesinos, Dead Ringers), o a películas tipo Los Usurpadores de Cuerpos (en sus cuatro versiones, vía Siegel, Kaufman, Ferrara y Hirschbiegel).

Tiene ecos de grandes momentos de la literatura fantástica (Stevenson, Borges, Sabato) y mezcla elementos del documental, formato en el que Óscar Campo ha tenido grandes realizaciones. Hay además una línea coherente entre sus primeros trabajos (Valeria), pasando por sus impactantes y premiadas realizaciones en video (Un Ángel Subterráneo, El Proyecto del Diablo, Noticias de Guerra...).

Dueño de una capacidad un tanto sobrenatural para sumergirse en el universo del miedo y del terror, Óscar Campo consigue con Yo soy Otro construir un Cali desorbitado, una realidad que se transforma frente a nuestros propios ojos, un universo 'tecno' de apariencias siniestras que atemoriza y, al mismo tiempo, fascina. No creo que haya otros referentes inmediatos dentro del cine colombiano que se parezcan a la ópera prima de Campo.

Es una película que trasciende nuestras fronteras inmediatas, la cual se enfrenta, desde una perspectiva muy inteligente, con la gran paranoia del siglo XXI: la de los hombres rotos, la de la violencia y la intolerancia, la del terrorismo y la de nuestra naturaleza salvaje. Yo soy Otro, jugando con una célebre frase de Rimbaud, es una especulación sin contemplaciones frente a la resistencia del mundo para que haya comprensión con lo que tenemos al frente. El protagonista, José González, es al mismo tiempo otros nombres (Redondo, Grace, Bizarro), apenas se da cuenta de que es víctima de la litomiasis, una enfermedad que finalmente lo desboca, lo convierte en un fantasma que deambula dentro de sus propios horrores y convierte la realidad en un infierno fractal.

Yo soy Otro consolida, por lo demás, el renacimiento del cine realizado por directores vallecaucanos. Junto con Perro come Perro, Satanás, El Sueño del Paraíso, Los Actores del Conflicto, Un Tigre de Papel, esta película entra a formar parte de una galería de filmes importantísimos para la cultura colombiana, más allá de las inmediatas referencias, las coyunturas políticas o los chistes de un solo sentido.

Bienvenido Yo soy Otro a las pantallas colombianas. Es muy probable que el público encuentre que ese otro, ese demonio que le susurra al oído, ahora se encuentre entre nosotros.

* Sandro Romero Rey. Profesor Artes Escénicas. Universidad Distrital de Bogotá. Artículo publicado en El Tiempo, el 14 de julio de 2008.

En sus propias palabras

“A pesar de tener el rótulo de cine fantástico, es un soberbio retrato de un sentimiento permanente y agobiante de los colombianos. Está contextualizada en el preciso momento en el que estamos. Héctor (José), se luce con sus cuatro papeles”. Paola Villamarín, El Tiempo.

“Notables la fotografía, la música y la visión tan rara de la realidad. Me alegra mucho que en Cali se siga haciendo el cine fantástico que comenzamos hace años, ahora de otra forma, con nuevos medios y otros puntos de vista”. Luis Ospina, director.

“Una película inclasificable para el cine colombiano, realmente hace honor a los comienzos del siglo XXI, un ejemplo de nuevas tecnologías incorporadas a la narrativa y a la dramaturgia contemporánea”. Mauricio Laurens, Agenda Viva.

“Evoca un cierto look del cine de Antonioni y sin embargo es una película profundamente colombiana en donde se dibuja la esquizofrenia social a la que hemos llegado. Una mirada de nosotros mismos con un lente nuevo, heredera de una cultura visual y cinematográfica que el grupo de Cali siempre ha cultivado. Yo soy Otro corona ese saber cinematográfico que ha tenido Cali”. Felipe Aljure, director bogotano.

“Estéticamente destaco el montaje, que está apelando al espectador, no ocultándose de él. Es una película contemporánea, bien articulada mediáticamente, con la mezcla de asuntos de televisión”. Andrea Echeverry, Revista Aluna.

"Me gustó porque lo provoca a uno a pensar sobre Colombia y sobre uno mismo. Tiene un excelente ritmo visual. La película es un ensayo audiovisual". Omar Rincón, crítico de TV.

“De una perplejidad enorme, que tengamos esta gente que hace cine sobre ese enigma que es Colombia”. Julio Nieto Bernal, Caracol Radio.

“Me reconforta que se haga cine fantástico de factura, con muy buena calidad técnica y un guión muy interesante. Corre muchos riesgos, lo cual es muy atractivo. Es una película para que el público se acerque a una manera muy diferente al cine convencional que se está haciendo hoy en Colombia”. Sandro Romero, Crítico y escritor de cine.

"Una película que muestra como ninguna otra que el conflicto de nuestro país vive en el cuerpo de cada uno de nosotros (...) Una película verdaderamente política que, más que mostrar o contar, piensa... ¿Qué piensa? Que nosotros, las víctimas y los inocentes, tenemos la misma cara de los otros, los asesinos... peor aún, que tenemos las mismas siniestras intenciones". Víctor Gaviria, realizador.

“Es un reto complicado y muy atractivo. Tuve una gran empatía con Oscar y entre los dos construimos los personajes. Es muy difícil entrar y salir de un personaje en tan corto tiempo. Creo que es la mejor experiencia que he tenido en mi carrera”. Héctor Fabio García (José González).

“Es una historia muy difícil, pero creo que va a gustar porque cada uno tiene su otro yo”. Jenny Nava (Ester).

 



El profe hace su primera película, en El Tiempo.
Entrevista a Óscar Campo, en Pulpmovies.

Comentarios
Viva YO SOY OTRO
(Comentario de DMARIA el 2008-08-22 12:13:55)
Pese a que pueden haber comentarios no muy favorecedores hay algo que nadie puede desconocer, Yo Soy Otro logra situarse como una de esas películas de gran importancia que marcan un antes y un después en el cine colombiano. Vivan siempre este tipo de películas. Viva Yo Soy Otro.
Relato diferente
(Comentario de Carolina Cifuentes el 2008-08-22 08:54:00)
Me interesa mucho la estetica y el color de la pelicula, sus interpretaciones impactantes y adecuado manejo de un relato apartado del comun de las peliculas colombianas, una propuesta de cine diferente, una lastima que no durara en taquilla, y que los conocidos promotores RCN y CARACOL no apoyen esta propuesta.

(Comentario de el 2008-08-13 21:49:24)
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inquietante
(Comentario de Luis Carlos Lopera el 2008-08-02 18:11:23)
una pelicula inquietante, para invertirle mucha neurona y mirarla criticamente, excelente produccion tecnica y actoral, el maestro Campo se lucio con esta obra,pude ver tras camaras algo del rodaje durante la realizacion de f/x de la produccion y realmente me impacto mucho.
viva el cine de colombia
(Comentario de jhon bladimir el 2008-07-25 10:25:49)
los felicito por esa pelicula, me parecio una pelicula muyy buena, como siempre todos no pensamos igual y hay criticas de diversas personas, pero lo importante es q el cine colombiano esta creciendo, es un avance y sigamos apoyando a este cine......
Felicitaciones
(Comentario de el 2008-07-25 09:01:10)
Quiero felicitar a lor realizadores de la película, ya que una vez más demuestran que en Colombia si se puede hacer buen cine. Sigan adelante. 
Martha Lucía

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