CINE Y DESEMPLEO: 'AMOR SIN ESCALAS'
La frialdad con que el mundo contemporáneo maneja el espinoso tema de los sistemáticos sistemas de reducción de personal, es el trasfondo al humor agridulce de la popular película estadounidense Amor sin escalas (2010).
Enfocándose en la figura del ‘verdugo’, aquel que firma los despidos, en clave de comedia romántica la película (galardonada con el Globo de Oro a mejor guión original), hurga en la psicología de Ray Bingham, un ejecutivo que viaja reestructurando la nómina de diferentes empresas.
Al enfrentar un repentino romance, Bingham debe recapitular su vida. Al tiempo, puede perder su buena vida de viajes y hoteles elegantes, cuando una advenediza novata propone a la aerolínea en la que trabaja, que los despidos se hagan por Internet.
El director, Jason Reitman (Juno), precisa un retatro sobre la crisis socioeconómica mundial, acerca de los cambios que a veces la vida exige, como si se tratara de elegir simplemente otra sala de abordar.
Pero Amor sin escalas no es la única producción que ha abordado el tema del desempleo, éste ha estado presente en Hollywood al retratar ejemplos de superación y a la vez mostrar la cara cruel de un situación
En cuanto al drama de las víctimas de la carencia de oportunidades laborales, uno de los casos más elocuentes es el del reciente filme En busca de la felicidad.
De repente, el universo de Chris Gardner se cierra. Ha perdido sus ahorros en un mal negocio y por ende a su esposa. Le toca cargar a diario con su hijo, mientras toca puertas que continúan herméticas, sin importar su brillantez para resolver el cubo de rubik.
La sensación que viven los espectadores de de esta cinta basada en una historia real, es de permanente ahogo. En una escena en que le ha tocado dormir en un baño público con su pequeño, muchos estallan en llanto al tiempo que el personaje.
Sin embargo, todo cambia cuando se acerca el final y Gardner encuentra la oportunidad merecida y soñada. Un suspiro de alivio cunde en la audiencia cuando el epílogo descubre que hoy en día, el personaje es un importante ejecutivo en la bolsa de San Francisco.
Contundente. La experiencia de ver En busca de la felicidad constituye una poderosa herramienta de motivación. Por ello, este filme de 2006 se ha convertido en referente obligado entre los muy vigentes seminarios de crecimiento personal.
Con su lógica conexión con la realidad, el cine ha sido tradicional aliado de la psicología para incentivar las esperanzas caídas de la gente que se haya en circunstancias difíciles, en particular por la pérdida del empleo o la crisis económica de una empresa personal.
No siempre ha recurrido al drama para reflejar la crisis social. En alegoría a su propia vida (de una difícil infancia al esplendor artístico y económico), el británico Charlie Chaplin le expresó al mundo a través de su icónico personaje Charlot, que hasta un vagabundo sin aparente futuro puede tener el ingenio y la energía positiva suficientes para sobrevivir, hacer el bien y mantener la alegría de vivir.
Esta explosión de optimismo también es subrayada por el comediante italiano Roberto Benigni en La vida es bella (1997). No sólo es desempleado sino que está encarcelado por los nazis, pero Guido Orefice se las arregla para engañar a su hijo, convenciéndolo de que el horror es sólo un ingenioso juego.
En todas estas lecturas fílmicas hay algo que salta a la vista: el empeño es fundamental para alcanzar el éxito. La perseverancia y la tenacidad muchas veces superan la fortaleza del talento.
Y la imaginación tampoco es dejada atrás en las películas que resaltan cómo hallar el esquivo triunfo laboral.
Julie & Julia (2009), también se documenta en la vida real para hablarnos de esto. Cuando parecía haberse convertido en una simple ama de casa esposa de un diplomático, Julia Child saltó a ser la reina de la cocina francesa en Estados Unidos. Y cuando podría haberse resignado a un simple trabajo de oficina, Julia Powell se entregó a cocinar y evaluar las recetas de Child en un blog que la convirtió en rica e influyente.
Otros casos concluyen que la inventiva no debería tener límites. La cinta nominada a 10 Oscares en 1983, Tootsie, de Sydney Pollack, se engolosina al contar cómo un talentoso actor neoyorquino sin trabajo se disfraza de mujer para hacer el papel de una enfermera en una reconocida telenovela.
Más ‘travestismo': Robin Williams se convierte en la señora Doubtfire en Papá por siempre, para pasar por empleada de la casa donde viven sus hijos, ya que un dictamen legal le impide verlos, debido a su estado de desempleo.
Otros, simplemente se desnudaron, como el sexteto de amigos de la pequeña ciudad inglesa Sheffield en The full monty (1997), a quienes despiden por la crisis de la industria metalúrgica. Aunque no son justo unos ‘apolos’, los muchachos se suben al escenario en cueros para sortear el desempleo bailando frente a las chicas locales.
Al concluir, hay que tener en cuenta que con su libertad creativa, el cine también se ha enfocado en la crudeza de los más vapuleados por el destino, con historias que no pueden considerarse del todo optimistas, pero que poseen una profunda dimensión sociológica.
Caso específico el de la premiada española Lunes al sol (2002), inspirada en la vida de los sindicalistas Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala, líderes de un inmenso grupo de trabajadores del muelle, que fueron despedidos tras la reconversión industrial.
Ganadora del India Catalina a ópera prima en 2004, en la argentina Próxima salida, su director Nicolas Tuozzo representa el drama social e individual de aquellos que se enfrentan en forma repentina al desempleo, a través de la historia real de la crisis ferroviaria en ese país.
El título más representativo de este tono pesimista es la francesa Tiempo de mentir (2001) de Laurent Cantet, con su escalofriante relato sobre la vida real, de un hombre que no soporta confesar a los suyos que se ha quedado sin empleo. En principio lo oculta y sale todos los días como si fuera a trabajar. Cuando es descubierto entra en pánico y asesina a toda su familia.
Y en este estilo neorrealista de descarnada radiografía social, imposible olvidar el clásico Ladrón de bicicletas (1948). Para realizar el humilde trabajo de pegar afiches en las calles, un obrero desempleado necesita su bicicleta. Pero se la roban y se enfrenta a una brutal encrucijada.
En la memorable escena final, cuando incluso el protagonista se ve abocado a convertirse a su vez en ladrón, ha llevado a comer spaguetti a su pequeño hijo. El niño le pide más, el papá lo piensa y al final hace un gesto que al tiempo implica conformismo y esperanza: “Come, que mañana Dios proveerá”.
Para leer la crítica de Ada Luz Restrepo, ve a: http://www.septimoarte.org/ada_luz_restrepo/criticas/amor_sin_escalas._critica._2.html
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